miércoles, 19 de abril de 2017

Instrucciones para mirarte por dentro

''Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante''

- Poesía completa, Alejandra Pizarnik




Te miro de la única forma en la que sé mirarte
Te miro por dentro y veo que nacen de ti paisajes
que son mucho más hermosos de lo que piensas
Paisajes, para así volcar el calor de la noche sobre los huesos
para arrancarnos de la rutina y de los malos pensamientos

Y te miro por dentro
Te miro por dentro porque es la única forma en la que puedo
porque antes no sabía cómo mirar
Porque me reservas el aire de tus pulmones para cuando no estás
porque siempre estás de vuelta

Y a veces te miro así
Con el amor vehemente de quien lleva una bandada de pájaros en el pecho
o una jauría de perros, ladrando lejos de tu oxígeno
Con el odio benévolo de quien solo puede querer, sabiendo que se equivoca
que cada lección aprendida es un vuelo de regreso hacia nosotros

Y te miro por dentro porque es lo mejor que sé hacer
Y te miro todo el tiempo
Y aun así sé,
que la duda es la palabra que más pesa
que mi lengua se arrincona junto a la tuya
para callarnos cada miedo, para darnos un motivo más para crecer

Para creer, también 
En esa clase de felicidad que se abre de piernas y no deja que el corazón se enfríe 
acercando el verano de repente
Y no lo entienden
No lo entienden porque no es fácil, porque no es perfecto 
y porque no saben que prefiero la libertad contigo a cualquier otra realidad 

Te miro por dentro y veo eso
Eres eso
Una oportunidad
La puerta de entrada a mi felicidad 

domingo, 5 de febrero de 2017

Mi suerte

Mi suerte cambia de forma constantemente. A veces es como un cielo amplio cuando por fin aparece el Sol de entre las nubes. Otros días es la nube. Hay veces en las que diría que se me escapa. Fechas precisas, días tachados en el calendario de las promesas incumplidas. Pero otras veces mi suerte es tan grande que toco algo parecido a un hogar. Y entonces me quedo dentro. 

Mi suerte tiene nombre propio. Necesita de ti. Porque para sobrevivir es necesario sentir al menos una vez al día que queda algo de belleza en el mundo por la que vale la pena morir. Porque hacen falta años de mentiras y de encuentros solitarios para que una sola verdad penetre en carne y hueso. Sabes, si quieres puedes tomar esta intimidad herida a la que llamamos autoestima. Inventarme un futuro vulnerable pero libre de complejos. En el que no falten días en los que empezar este calendario desde el principio y días en los que un nuevo Sol de terciopelo nos salga por sorpresa.

Verás, hay batallas que nunca podríamos ganar y eso está bien así. Como ese asunto inevitable de las nubes que están sobre mi cabeza. Lo sé. A veces tienes que dejar que llueva sobre mojado. Pero no me dejes a oscuras. Prende esta luz con los dientes. No olvides recordarme que sigo aquí. Y si me permites el atrevimiento, quédate. Echa raíces dentro de mi cuerpo. Entierra tus manos cerca de mí, y cuando la encuentres de frente, sonríele a mi suerte. 

Seguirá aquí. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Promesa

Promesa
Del lat. Promissa, pl. de promissum.

1.f. Expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo.
3.f. Augurio, indicio o señal que hace esperar algún bien.



Lo que puedo prometerte es ese algo que todavía no existe
como el hogar tibio que ahora se abre espacio en mi pecho
como la suerte que hoy construye una historia en voz alta
con todas las palabras que un día no llegué a escribir por temor o vergüenza

Lo que puedo prometerte no es un callejón ni un atajo
Pero puedo prometerte estas manos y un verbo conjugado en presente
ante el que la realidad de la calle sentiría celos
y ante el que cualquier pasado se le quedaría pequeño

Lo que puedo prometerte es cuerpo y saliva
siempre cerca de tu boca, no como la frase que pesa en la lengua
no como el viento que cuartea la vida
sino como la piel que cicatriza
Después de todo, todo lo que puedo prometerte es eso: paciencia
Y días en los que no falten ni pijamas ni vino cuando tiemblen las piernas

Lo que te prometo por adelantado es una disculpa en vez de un silencio
para cuando las agujetas de la felicidad ya no duelan en la mandíbula
y que la gravedad no olvide recordarme que existes
cada vez que mis pies se levanten demasiado del suelo

Lo que puedo ofrecerte enteramente es mi tiempo
Debes saber, mi tiempo a veces se escabulle igual que un gato egoísta
no sabe hablar de para siempre ni de hipotecas
Mi tiempo es vulnerable
pero hasta que quieras quedarte, es igual de mío que tuyo
ha abierto ventanas y ha dejado tu nombre en la puerta
ha dejado un hueco en el colchón para que quepas

lunes, 21 de noviembre de 2016

Como un libro abierto







“- Todo caduca con el tiempo. El amor también. La gasolina del coche, por ejemplo: si olvidas que se va a acabar te dejará tirado en medio del campo.
- Yo te voy a querer siempre, y si se acaba la gasolina me muero.” 

- Los amantes del círculo polar. 



Me hubiera gustado decírtelo. Si abrí el libro por la última página fue porque quise saber el final desde el principio. Y que si decidí quedarme en tu ficción fue solo porque en esta realidad mía no creo en los finales felices. ¿Por qué todo tiene que acabar?. Una vez leí algo tan hermoso, que el vacío que dejaron sus palabras al terminar no se fue de aquí por años. Desde entonces he tenido la sensación de haber dejado de leer en mi lengua materna y que todos los finales se tornaron ajenos y predecibles.

Contigo ha sido diferente. Al abrirte vino el hormigueo y el desconcierto. Algo así como el misterio de las novelas de mercadillo, pasadas de mano en mano entre extraños. Me latía tu corazón justo en el centro. Si devoré tantas páginas de tu vida como lo hice por segundo, fue porque estaba celosa de todas las que pudieron haberte leído antes. Ansiosa por ser yo la que esta vez curase las heridas que nadie hubiera imaginado que escondías detrás de una portada tan perfecta. 

Me hubiera gustado decírtelo. Te habría tocado así durante cien años. Te habría recorrido despacio con dedos hambrientos, los mismos con los que cuando era niña acariciaba los cuadernos nuevos del colegio. Los mismos con los que ahora sangro, preparo el desayuno o hago la colada en los domingos.

Tal vez, si no hubiéramos tenido tanta prisa. Si hubiéramos dejado que la trama siguiera su curso. Si no nos hubiéramos terminado cuando aún nadie esperaba que fuésemos a hacerlo. Tal vez habríamos tenido tiempo para releer los pasajes de los días que nunca llegaron. Tardes de cine o viajes improvisados, discusiones tontas y visitas al médico.

Tal vez podríamos haber hecho del mundo un lugar menos malo. No lo sé. Pero te hubiera querido siempre. Como solamente yo no sé querer. Te hubiera querido bien. Te habría guardado junto al primer ejemplar de Rayuela de mi padre, el que tengo en la mesilla de noche, roído por el miedo y por los años. Como el tomo de Pizarnik que me hace contener la respiración cuando viene el frío de las horas grises.

Me hubiera gustado decírtelo. Porque para mí, que siempre necesité de historias largas y dolorosas, este cierre me ha dejado con la boca abierta y  la miel en los labios. Y que esta noche en la que ya no queda nada más por leer, el cuervo de Allan Poe ha venido a sacarme los ojos. Me dice que son menos míos que tuyos. Tiene una voz familiar. Me habla en condicional. Hoy he vuelto a hacerlo. Me he hecho la muerta para que el cuervo se fuese y ni siquiera he notado la diferencia.

He vuelto a leerte así. Con la luz apagada, avergonzada y en silencio.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Mientras dormías







''Siento que estoy en el mundo equivocado. 
Porque no pertenezco a un mundo donde no terminamos juntos. 
Hay universos paralelos ahí afuera donde esto no sucedió''. 
- Comet




Me he soñado tantas veces de vuelta en aquel lugar. Sé que lo he soñado porque no parecía un sueño. Esta vez había despertado sin signos aparentes de lucha, con la frente intacta y las manos ligeras. Ni siquiera apareció esa recurrente huella fría de sudor sobre el pecho, nada que indicara haber estado maldiciendo entre dientes mientras la madrugada palidecía. Diría incluso que aquellas horas transcurrieron mientras yo tenía los ojos abiertos, pero lo cierto es que sin haberme dado cuenta, había descansado hasta las doce del mediodía.

Al incorporarme nací de nuevo, como si llevara meses viajando a través del espacio y del tiempo. Creo que entonces y que también ahora, siempre he tenido un gran problema para diferenciar la realidad de la fantasía.

Hubo un tiempo en el que dormía sin sueños, un periodo de paz que se decía a sí mismo perpetuo. Entonces la conciencia plena de las cosas, de las cosas que se podían tocar, se fundía con la irrealidad en una conjunción perfecta, en una especie de milagro que se hizo cuerpo. Claro que ese cuerpo no era el mío. Pero para mí aquel tampoco era un cuerpo que hubiera venido de una matriz, sino que habría salido de una dimensión paralela y desde las propias raíces de la tierra, que habría trepado confuso desde años de abandono hasta entrar dentro del mío y sentirse seguro. ¿Cómo podría haber sabido yo que era humana su presencia?. Me necesitaba, sí. Aunque rara vez lo decía. Preferíamos hacernos compañía en silencio ante el temor de que quebrara esa onírica burbuja que habíamos construido a base de fascinación y entrega mutua. Nunca he vuelto a sentirme así. Y dudo mucho que pueda volver a hacerlo.


Tenía 17 años la primera vez que le vi. Entonces escribía como nunca más he podido volver a escribir. Me pasaba noches enteras despierta, escribía como si estuviera enferma y los días largos fuesen solo el producto envenenado de mi imaginación. Pero él era real. No buscábamos el sentido. Con aquella edad nadie puede llevar la cuenta del tiempo y el tiempo se movía a tal velocidad, que si te parabas a respirar podías quedarte el último. De ahí que los meses nos parecieran años y que pensáramos que eso era la vida. La vida era ráfaga de viento y la vida era sueño y por eso dormíamos juntos. Y en algún punto del encuentro algo más aparecía. Sí, quizás era él de nuevo, que esta vez se había deslizado por el hueco de la tristeza que mucho antes habíamos escondido bajo las sábanas. Quizás yo, que le había dado la vuelta a la almohada, asfixiada por un calor que venía desde dentro. Supongo que tú también sabes de lo que hablo. Que tú también has huido de lugares como ese, que tú también te has ido de personas al encontrarte de pronto expuesto. Y está ese instante que termina por romperse, tal vez como un llanto o simplemente como un reproche absurdo. Justo ahí, en el centro de la vigilia, dando vueltas alrededor de un cansancio amargo.  


Tenía 18 años cuando sufrí mi peor época de insomnio. Tenía 18 años cuando me arrancaron algo y el amor romántico se vació de significado y se quedó vagando por una distancia de más de 1000 kilómetros. Escribir se convirtió entonces una prueba de fuerza pero me avergonzaba mi dolor. Vergüenza, sí. Porque no quería ni podía volver a querer. Pero lo hice. Mal y muchas veces. Porque volveré a hacerlo. Hasta el punto de inflexión. Hasta regresar a aquel lugar con el que siempre sueño. Aquel lugar que cada vez recuerdo peor.



Ahora, cuando paso las noches inciertas sola y boca arriba y tengo un sabor desconocido en la lengua, me gusta pensar que existe un lugar del mundo, quizás no de este mundo, quizás fuera de esta realidad, donde sé que él todavía existe. Donde todavía existo yo. Donde existimos por momentos. Donde aún podemos dormir juntos.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Teorema de la vulnerabilidad

Vulnerable
Del lat. vulnerabĭlis.
1. adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente.

Comenzó como comienzan todas las grandes historias imposibles
No sé si lo sabías, pero cuando dos desconocidos suman soledad y soledad
la felicidad es directamente proporcional al espacio que se resta entre dos cuerpos
y el número que sale tiende siempre al infinito

Pero el problema con el infinito es que no hay piel que lo resuelva
Ni solución matemática que permita calcular
cómo despejar la incógnita del miedo en un estómago encogido
Con el corazón y con la cabeza pasa lo mismo
Puedes intentar darle sentido al olvido dentro del presente
Pero creo que contigo me he salido del amor tantas veces
que incluso este triste intento de odiarte ya me parece insuficiente

Hasta aquí, he acumulado tantos ceros como noches en vela en las que nadie ha respondido
Hasta aquí, te repites como una mala película a la que se le ha quedado el argumento a medias
Lo cierto es que veces tengo la sensación de estar mirándola desde fuera
y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Reconozco que hay días en los que te apareces a las puertas de mi mente,
que por momentos creo verte, merodeando por mi casa y rogando por un beso
Normalmente alzas la voz y ríes como si existieras                
La verdad es que me ha acostumbrado a rebobinar estas escenas
con la esperanza inútil de que esta vez no te me termines nunca
Supongo que tu final ha sido tan ridículo como irónico          
que no ha conseguido arrancarme ni una puta lágrima de los ojos,
que por eso desde entonces lo lloro todo por dentro
y hallo cierto consuelo en las mañanas de lluvia

Hoy he decidido dejarte en pausa para luego,
para cuando sea mucho más tarde y me apetezca reinventarte
y arriesgarme de nuevo a perder el sueño y el apetito
Pero sé que con suerte dentro de unos meses ya no tendré tan buena memoria
te me irás borrando poco a poco de las manos
y cuando vuelva a querer ya no necesitaré ninguna fórmula






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