martes, 19 de febrero de 2013

''Siempre besamos con tanta facilidad a los que no nos quieren, porque nosotros tampoco nos queríamos''

A ti lo que te pasa es que has leído mucho a Cortázar, y claro, te ocurre lo mismo que a él...

Deseas que detrás de este espectáculo de palabras aún quede la esperanza de que esa persona te lea, de que no hayas muerto del todo en su memoria. Deseas que cada mujer parecida a ti se agolpe como un silencio ensordecedor frente a él. Y piensas que vuestra historia fue como la de los personajes de Rayuela, aunque estas calles no fuesen París en 1963. Sabiendo que vuestros encuentros casuales que eran lo menos casual en vuestras vidas, andando sin buscaros pero sabiendo que andabais para encontraros. Porque todo ocurría en cualquier momento, sin horarios previsibles, y que lo más importante sucedió cuando ya nadie lo esperaba.

Y maldecirás a esa vida que apenas sin conoceros ya urdía lo necesario para  desencontraros minuciosamente. Y dudarás si de verdad os fue bien o mal: si inventasteis el Edén, vivisteis en la nostalgia de un paraíso perdido, fabricasteis utopías y os propusisteis un futuro... Recordarás cuantas veces te sentiste morir en él, atravesada de espacios que crecían y te comían como mariposas hambrientas.

Pero con el tiempo aprenderás que hay amores que atormentan, que no sirven de puentes porque no se sostienen de un solo lado. Que para verle como querías, tuviste que empezar por cerrar los ojos. Entenderás que el mismo que te daba esa especie de felicidad funcional ahora solo te da el frío, la distancia y el café amargo de medianoche entre mesas vacías... Aquel que será por siempre imán de imágenes, las más turbias y vanas, el que siempre fue un espejo terrible y una espantosa máquina de repeticiones. Vivirás un tiempo de prestado haciendo lo que otros hacen y lo que otros ven, y sabrás muy bien que él no estará, ni aquí ni dentro de la cárcel donde le retienes, ni en ese río de calles y puentes... Te darás cuenta que no estuvisteis enamorados. Solo hacíais el amor con un virtuosismo desapegado y crítico para luego caer en silencios terribles, mientras os mirabais y sentíais que eso era el tiempo. Como la sensación que te dejaban esas lentas lluvias de renuncias, despedidas y tickets de metro...

Los días pasarán, y con ellos la imposibilidad tan obvia de quererle.
Y al final de cada día que pase te convencerás a ti misma: '' Recapacitemos, todo había empezado porque todo tenía que acabar... '' Y sin hallar consuelo en que todo dura siempre un poco más de lo que debería, sabrás, que cada vez irás sintiendo menos y recordando más. Y releerás estás líneas:


''... bien pudo suceder que acabáramos besándonos, siempre ha sido tan fácil para tí y para mí, siempre besamos con tanta facilidad a los que no nos quieren, porque nosotros tampoco nos queríamos, creo que lo sabes'' 
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