lunes, 18 de febrero de 2013

Dejemos de jugar al beso de Judas donde ya solo quedan raíces muertas

Odile. Siempre escribías sobre Odile, sobre mí.
Odile y sus ganas de sentir lo que nadie quería que sintiésemos. Sus huida hacia atrás, retornando a vidas de otros que se habían llevado parte de la suya. Odile y los fulgores y humedades de su cuerpo, sus largas ausencias, la cálida desnudez de su alma... Las mismas carencias palpitantes en el ella, las mías, en definitiva las tuyas también. Siempre hubo semejanza entre nuestras fisuras, siempre hubo algo que llamamos amarnos en medio de la desolación de las calles de esta ciudad. Odile tu musa, todos tus personajes atormentados son ella, todas tus historias vivirán en ella inexorables al paso del tiempo... Pero no nos engañemos amor, yo fui la más triste de todas las musas. Y no culpes a mis ojos de gato de que tu recuerdo ahora se marchite en las camas que no nos dio tiempo de quemar. Que eche de menos aquellas anormalidades tuyas ahora que la normalidad está de más. Y no me pidas que te invente nuevas verdades, hace tiempo que mi voz olvidó como sonaban ciertas despedidas.Ya no somos dos niños, dejemos de jugar al beso de Judas donde ya solo quedan raíces muertas. Sabes bien que no me queda ninguna certeza, sabes bien que allí donde tu estés yo siempre voy a tener frío.

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