miércoles, 20 de febrero de 2013

Estamos tan vacíos que invitamos a cualquiera a follar y pretendemos seguir vivos después...

Le dejó está carta debajo de su puerta:


En el fondo siempre supe que no querías a nadie, y que yo en realidad no te quise hasta el día que te fuiste. Es curioso confesarte esto ahora, tal vez me he acostumbrado demasiado a dejar estas cosas para el final, como todas las que son importantes. Todos esos ''podría haber sido diferente'' que me dijiste, en efecto podrían haber sido diferentes. No sé bien en que momento, tan lejos el uno del otro, pero matamos el romanticismo. Estamos tan vacíos que invitamos a cualquiera a follar y pretendemos seguir vivos después... Tú y yo nunca creímos en el destino, ni en Dios, ni en nada, y resultó que tampoco estábamos preparados para creer en nosotros mismos. Ahora comprendo que tengo deudas con tu cuerpo que nunca podré saldar, y que me pediste un precio demasiado alto para poder llegar dentro de ti. No sé si me compensaron todos los cigarrillos con los que celebré mis fracasos, si sirvieron de algo el resto de noches en vela sin fumar. Pero en el fondo, siempre supe que no querías a nadie, y si de algo estoy segura ahora es de que nadie podrá quererte a ti.





Y se fue

martes, 19 de febrero de 2013

''Siempre besamos con tanta facilidad a los que no nos quieren, porque nosotros tampoco nos queríamos''

A ti lo que te pasa es que has leído mucho a Cortázar, y claro, te ocurre lo mismo que a él...

Deseas que detrás de este espectáculo de palabras aún quede la esperanza de que esa persona te lea, de que no hayas muerto del todo en su memoria. Deseas que cada mujer parecida a ti se agolpe como un silencio ensordecedor frente a él. Y piensas que vuestra historia fue como la de los personajes de Rayuela, aunque estas calles no fuesen París en 1963. Sabiendo que vuestros encuentros casuales que eran lo menos casual en vuestras vidas, andando sin buscaros pero sabiendo que andabais para encontraros. Porque todo ocurría en cualquier momento, sin horarios previsibles, y que lo más importante sucedió cuando ya nadie lo esperaba.

Y maldecirás a esa vida que apenas sin conoceros ya urdía lo necesario para  desencontraros minuciosamente. Y dudarás si de verdad os fue bien o mal: si inventasteis el Edén, vivisteis en la nostalgia de un paraíso perdido, fabricasteis utopías y os propusisteis un futuro... Recordarás cuantas veces te sentiste morir en él, atravesada de espacios que crecían y te comían como mariposas hambrientas.

Pero con el tiempo aprenderás que hay amores que atormentan, que no sirven de puentes porque no se sostienen de un solo lado. Que para verle como querías, tuviste que empezar por cerrar los ojos. Entenderás que el mismo que te daba esa especie de felicidad funcional ahora solo te da el frío, la distancia y el café amargo de medianoche entre mesas vacías... Aquel que será por siempre imán de imágenes, las más turbias y vanas, el que siempre fue un espejo terrible y una espantosa máquina de repeticiones. Vivirás un tiempo de prestado haciendo lo que otros hacen y lo que otros ven, y sabrás muy bien que él no estará, ni aquí ni dentro de la cárcel donde le retienes, ni en ese río de calles y puentes... Te darás cuenta que no estuvisteis enamorados. Solo hacíais el amor con un virtuosismo desapegado y crítico para luego caer en silencios terribles, mientras os mirabais y sentíais que eso era el tiempo. Como la sensación que te dejaban esas lentas lluvias de renuncias, despedidas y tickets de metro...

Los días pasarán, y con ellos la imposibilidad tan obvia de quererle.
Y al final de cada día que pase te convencerás a ti misma: '' Recapacitemos, todo había empezado porque todo tenía que acabar... '' Y sin hallar consuelo en que todo dura siempre un poco más de lo que debería, sabrás, que cada vez irás sintiendo menos y recordando más. Y releerás estás líneas:


''... bien pudo suceder que acabáramos besándonos, siempre ha sido tan fácil para tí y para mí, siempre besamos con tanta facilidad a los que no nos quieren, porque nosotros tampoco nos queríamos, creo que lo sabes'' 

lunes, 18 de febrero de 2013

Dejemos de jugar al beso de Judas donde ya solo quedan raíces muertas

Odile. Siempre escribías sobre Odile, sobre mí.
Odile y sus ganas de sentir lo que nadie quería que sintiésemos. Sus huida hacia atrás, retornando a vidas de otros que se habían llevado parte de la suya. Odile y los fulgores y humedades de su cuerpo, sus largas ausencias, la cálida desnudez de su alma... Las mismas carencias palpitantes en el ella, las mías, en definitiva las tuyas también. Siempre hubo semejanza entre nuestras fisuras, siempre hubo algo que llamamos amarnos en medio de la desolación de las calles de esta ciudad. Odile tu musa, todos tus personajes atormentados son ella, todas tus historias vivirán en ella inexorables al paso del tiempo... Pero no nos engañemos amor, yo fui la más triste de todas las musas. Y no culpes a mis ojos de gato de que tu recuerdo ahora se marchite en las camas que no nos dio tiempo de quemar. Que eche de menos aquellas anormalidades tuyas ahora que la normalidad está de más. Y no me pidas que te invente nuevas verdades, hace tiempo que mi voz olvidó como sonaban ciertas despedidas.Ya no somos dos niños, dejemos de jugar al beso de Judas donde ya solo quedan raíces muertas. Sabes bien que no me queda ninguna certeza, sabes bien que allí donde tu estés yo siempre voy a tener frío.

Volveremos y no seremos los que éramos

I
Ardieron las trincheras en tu vientre
y en el mío, las tibias balas resbalaron
hasta pronunciar su suicidio
no fueron armas las que acribillaron

II
Prisioneros de los daños colaterales que infligimos
cabamos las propias tumbas donde condenados a permanecer
volveremos sobre nuestros pasos

III
Volveremos y no seremos lo que éramos
la noche roerá los huesos
de culpables e inocentes

IV
Volveré, algún día entre escombros
hasta que el cielo escrito en rojo me abrace con su herida
sin dientes que clavarte, sin entrañas para recordar

VI
Y aquella guerra es ahora un descampado
donde nuestros cadáveres cubiertos de polvo
nunca podrán descansar en paz






y todos dirán ''pobrecita, murió de amor...''

Siempre vagando por los tejados como un gato sin nombre

Creo que Odile nunca se vio a si misma como una femme fatale, pero parecía una ninfa, una Lolita de Nabokov cuando me pedía por favor que le quitase las medias. Sin saber si sus palabras se trataban de una súplica o de más bien un reproche, ignoraba su educación de niña y atendía a mis propios modales. Cuando se enfadaba hablaba en francés y su entonación era de lo más encantadora. Cuando se enfadaba se tumbaba en la alfombra roja de la entrada y esperaba que yo lo hiciese a su lado. Una extraña costumbre que acababa en reconciliación para luego apagar la luz. Mis pupilas no lograban adaptarse a la profunda negrura del recibidor y no podía darme del todo que era ella. Que tantas veces hacía acariciado un cabello largo que en ese momento era el suyo, en el que mis manos que ahora recorrían su espalda se entrelazaban. Anhelando cada último suspiro de unos labios cuarteados que entonces rozaban mi barbilla, y se volvían lentamente duros al contacto. Y en ese entonces que la tenía delante de mí, a esa fusión de mis antiguas amantes que no supieron cautivarme como lo haría ella, mis sentidos estaban completamente nublados. Y yo, ¿que hacía yo? Siempre vagando por los tejados como un gato sin nombre, solo podía desear que volviese mañana.




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