domingo, 3 de marzo de 2013

Víctima de Eros

Como si todos los mares y océanos pudieran ahogarme de la manera en la que me mirabas, con esa expresión impersonal e íntima a la vez. Una visión inquietante y ambigua, parecía que esperabas algo de mí y lejos de saber si no te decepcionaría descorchaba una botella del 89. La intangibilidad del momento mientras yo hablaba de cosas banales en el suelo del loft y tú citabas a Tolstoi con melancolía. Te imaginé dentro de un cuadro de Andy Warhol y sentí celos de todos los que te habían besado antes que yo, y quise entonces que permanecieses dibujada ahí, inmóvil para siempre. Deseé que esos desconocidos no se sentasen a tu lado en el metro para detenerse en los pliegues de tu camisa. Porque ellos nunca podrían entenderte más allá de tu pelo rojo y de la pose extraviada que te hacía recostarte sobre el cristal. Porque no sabían que hablar del tiempo te hacía llorar sobre todo cuando llovía. No verían el dolor que te rodeaba, ni podrían llegar a amarlo. ''Nadie me conoce del todo - me confesaste una de esas tardes en las que estabas especialmente triste - ni siquiera tú.'' Y creo que tenías razón, Odile. Debí haberte mirado sin que se ahogasen las palabras de una vez por todas y hacerte el amor de verdad. Como siempre imaginé hacerlo y nunca lo hice. Tendría que haber tenido el suficiente valor para abrazarte cuando la calefacción se rompía y mostrarte que el mundo no estaba tan equivocado como creías, que no todo era soledad.


Odile,
preso de tu ritmo poético
esclavo de tu sombra
víctima de Eros
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