miércoles, 29 de mayo de 2013

Tú y yo ya no sabemos como decirnos adiós.

- ¿Piensas quedarte ahí por mucho tiempo?.

- Es lo que siempre hago. Quedarme aquí, esperando que me esperes.

- Esperando hasta que te deje pasar otra vez por mi puerta. ¿No te parece irónico?.

- ¿Qué me vaya y aparezca sin avisar?. ¿O que pretenda que me consueles por última vez?

- Que estés aquí ahora. Dispuesto a quedarte un rato más conmigo, solo por el miedo a tener que despedirnos hasta la próxima.

- Tú y yo ya no sabemos como decirnos adiós. Puede que yo sea demasiado egoísta, y tú tengas demasiada culpabilidad dentro de ti.

- Puede que tú no me dejes irme a ninguna parte, pero tampoco dejas que me quede. ¿Por qué será que siempre, a pesar de todo, vuelves?.

- Vuelvo porque sabes que estoy completamente solo. Vienes aquí y me siento que soy una persona un poco mejor. Cuando me perdonas, soy menos malo con el mundo, contigo, y conmigo mismo... Vuelvo porque no puedo esconderme como me escondo delante de los demás. Porque contigo no tengo ninguna máscara y me temo que no soy perfecto... A veces no te soporto. Odio la forma en la que me miras porque noto que me quieres, y no me lo merezco. Odio la forma en la que me miras porque noto que no eres feliz, y no te lo mereces. A veces desearía que me mintieras. Me gustaría que me gritaras lo cabrón que soy y dieras un portazo. Que volvieses a intentar salvarme porque no creo que nadie más pueda hacerlo. Vuelvo, porque me volvía loco que estuvieras loca por mí. Y me moría cada vez que morías de celos por mí... Y mírame ahora.

- Era justo lo que necesitaba oír. Gracias, por recordarme aquello que nunca debo olvidar cada vez que te vea.

- ¿Que, después de todo, aún me quieres?

-  Que, después de todo, yo me fui un día y tú no saliste corriendo detrás.
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