martes, 10 de diciembre de 2013

Horas muertas

Una criatura irresistible y apaleada, parecía brotar de un manantial brillante en el que hubiera estado sepultada durante un largo invierno.Había algo liberador en la forma en la que se mantenía a flote mientras la corriente discurría y nos llevaba sin que nada importara. Y nada importaba más entonces que la delicada pulcritud de su sexo, el aroma del cabello mojado y del tabaco, las piernas níveas al descubierto y nosotros ante el espejo mirándonos, embriagados de esa sensación fría y acuosa que resbalaba por la curva de la espalda desnuda... Le gustaba que la desnudasen así, serena y sin caricias, despojándola del amor con tanta rabia y crueldad que a veces creo verla ahí de pie, empujándome a la humedad de su boca en un eco lastimoso. Resuena en un silencio sordo pero resuena y te ahoga en su melodía. Resuena desde el río y desde las alcantarillas de la ciudad, filtrándose como el musgo por cualquier reducto de la habitación que es una jaula. Resuena invocando todas aquellas horas muertas en un inquietante desfile de imágenes rotas que se niegan a permanecer sumergidas.











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