jueves, 6 de noviembre de 2014

No abras los ojos



   


Le había follado tan bien que creía haberse enamorado. 

Hacía tiempo que no recordaba como era aquello, como era eso de que una chica le mirase así. Aunque realmente, creía que nadie le había mirado así hasta ahora. ¿Quién mira como nos miramos entre nosotros?. Lo mismo que cuando el policía observa los pasos del ladrón y como el ladrón se esconde de la vista del policía. 

Pero, ¿cómo le miraba ella a a él?. Interpretaba sus líneas con afecto, deseo, indiferencia, o quizás con compasión. Podría haberse decantado por cualquiera de esas opciones. Podría haberse metido muy adentro de esos ojos, hasta que esas dos esferas le aplastasen, hasta que esas llamaradas le comiesen vivo y no dejaran nada más que su aliento manchando el colchón... Podría haberlo hecho. Pero no la pudo mirar. Esta vez no. Igual que todos los demás, igual que todos los que siempre la dejaban terriblemente sola. Dejó que esa chica le follara. Que le follara solo con su sexo, no con su cara, no con sus ojos. El sexo era demasiado bueno como para enamorarse, pensó. Y esos ojos... ¡esos sí que harían realmente el amor!. Esos ojos te harían olvidar incluso el buen sexo. Y entonces, entonces estarías perdido. ¿Y qué hace un hombre en este mundo cuando está así de perdido?. No responde. No hace nada. No vaya a ser que un día dejase de mirar hacia otro lado, no vaya a ser que se viera a sí mismo, y que no le gustara eso que tuviera que ver. Ahora, ¿cómo traspasar ese muro sin que no venga algo después que te arroye con más fuerza a ti?. Cómo. 

Cerró los ojos. Casi se lo pidió, con los ojos bien cerrados, que por favor esta noche le follase pero que no le hiciese el amor. 

- Quédate así. Conmigo. Pero no abras los ojos. 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Entradas

Follow by Email