jueves, 24 de julio de 2014

El crimen perfecto

























Sin remitente:

20 cuchilladas limpias en el abdomen. Algunas incisiones superficiales sobre la piel, otras profundas y frías como el metal. Sus ojos, los ojos más tristes de la ciudad. Pero qué bello era el arte de matarnos lentamente.



Lo había sentido justo en el esternón. Se le había clavado en el páncreas, el hígado, los pulmones. El corazón ya lo tenía podrido. Puta romántica, siempre terminas sola y siempre en el mismo lugar. Había sentido como la cabeza le daba vueltas. Había sentido ganas de vomitar.

¿Y qué había hecho?. Se había quedado ahí parada. De todas formas, ¿a dónde podría haber ido?. Habría dado dos o tres pasos en otra dirección, habría dudado si regresar. Habría querido darse la vuelta y mirar despacio como se alejaba.









Algún día voy a tirar una botella de cristal a este mar
Pero sin mensaje
A ver si te llega a ti.




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