viernes, 10 de octubre de 2014

La zorra




- Se piensan que por escribir sobre sexo no tienes corazón.

Le miré frunciendo los labios, con compasión.
Este tío puede verme realmente, por mucho que me esconda.

- O quizás que lo tengo entre las piernas, respondí ahora enseñando los dientes.

Pero, ¿por qué?. Puede que los hombres crean que esa es la única forma de llegar hasta él, hasta este mísero corazón, porque a mí, que nunca me tomé un momento para mi misma, un momento para negarlo, siempre me gustó la imagen de la zorra que tienes en tu cabeza. Ahí, bien adentro. Alargar las situaciones de tensión, comprobar hasta que punto podías chuparle la vida al otro con solo acercar vuestras bocas. ¡Y era por eso por lo que nadie veía tu alma! Ni siquiera tú.Y entonces estaban todas esas personas, ese tipo de personas que pensaban que follar era tan solo lo que ocurría después de quitarse la ropa. ¡Mediocres!. ¡Como les envidio a veces!. Su absoluta y profunda pasividad por las cosas que están vivas. A mi me gustaría vivir así, confieso. Inmutable. Vacía. No sentirle en cada gota de la sangre ni imaginarle fumando en las esquinas. Me río sin que a penas los otros puedan escucharme. Me cuentan que los borrachos dicen siempre la verdad, pero él era un gran mentiroso. Y de los buenos. De los que se van así, sin despedirse, como un ladrón. ¡Escribes, sí, pero ya ni siquiera te lee!. Respiras. Y si el frío no dejase las heridas al descubierto... Ay, suspiro, a lo mejor entonces podría abrigarme por dentro. A lo mejor la zorra encontraba un poco de calor. 




(fotografías de Lina Scheynius)
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