miércoles, 2 de diciembre de 2015

La mosca


Helmut Newton




A veces soy mosca que extiende sus alas rotas y escapa de la casa sin ventanas. A veces soy cuerpo, 21 gramos menos bajo una sábana blanca, que muestra mis pies, pero que me tapa la cara. A veces soy el perro que se orina en alfombra cuando llegas a casa. Y a veces soy mujer, preparo un pastel y lo cubro de nada. Escuchando tus pasos hambrientos, tus sedientas carcajadas. Perdóname, te digo, las marcas lilas de mi cuello me obligan a estar callada. Duermen la siesta los vecinos y a mí me arde la garganta. No sé si acaso abrí la boca y la mosca ha entrado.

O si esta vez, la mosca se posa sobre el pastel.

martes, 20 de octubre de 2015

La oscuridad





''Y estamos tendidos juntos, no en la cama
sino en la niebla que a penas nos sostiene.
Soy un fantasma. Ya no se quiebra mi cuerpo
pero tú estás viva y temo por ti''

- El último intento, Yevgueni Yevtushenko. 






Dicen que algunas cosas solo pueden verse en la oscuridad. Que reconocería tu cara en cualquier lugar pero que la oscuridad no tiene cara, solo tiene una voz que habla y un cuerpo que se deja amar un par de veces por semana. Que la oscuridad se parece demasiado a estar contigo y que te toco, pero que la piel que toco no es real. Que allá fuera la noche está llena de silencio. Y que no sé si de pronto  te ha tragado la oscuridad. O si realmente respiras, en la parte de atrás de mi cuello. Que sobre mi mesa hay un vaso vacío y un cenicero sucio en el lugar donde debería estar, todo aquello que ya no te escribo. Las oportunidades de ser feliz que siempre pierdo y las guarradas que te diría al oído. Que creo que llevo tus dedos hacia mi boca para alimentarme de ti y muerdo. Que tengo tu saliva en la lengua y que me tiemblan los huesos. Y que ya no sé diferenciar si esto es un sueño. Si eres tú, o una sombra, el hombre que esta madrugada se quedará a dormir conmigo. O si estoy ebria y si por fin debo aceptar, que esta vez, he perdido. Que ahora llueve y que estoy ebria. Y que me imagino desnudándome para ti y que abro las piernas. Y que imagino que también llueve en tu ciudad. Párpados sellados y detrás de ellos, quizás la lluvia. Pero aquí estoy sola. Y estoy seca y rota. Y sedienta. Y con los ojos cerrados te busco y pienso que de qué sirve caminar sobre mojado. Si esta lluvia ya no es lluvia. Si tan solo es ceniza que cae y que borra el buen tiempo. Tiempo anclado en este quizás en el que también los árboles están desnudos y las calles se han convertido en desiertos. Que junto a mi puerta hay una hoja muerta por cada día desde que no estás. Y que ojalá que vuelva la tormenta. Pero la de verdad. Párpados sellados y detrás de ellos, quizás el viento. Quizás tu aliento con rabia en mi pecho, y la humedad de un otoño que no quiere ser invierno. Que tiene miedo de la luz y de abrir los ojos cuando amanezca y cuando vea que no estás. Que quizás ya no puede despertar. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Una vida sin amor


Paula Bonet. 


''Escucha siempre con atención, Max, las palabras que dicen las mujeres cuando son folladas (...). Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir''

- Roberto Bolaño, Putas asesinas








Ella también sentía que no sabía hacer el amor. Que no sabía abrazarse a alguien sin destrozarle. Sin el dolor. O sin aferrarse a la trágica comodidad del animal de compañía. Que calienta la cama vacía. Y araña la única puerta por la que no se puede volver. Pero el amor no te pone cara a la pared. El amor te mira. Y ella piensa que ni aún así, el amor la reconocería. Y que a estas alturas de su vida, culpar al corazón sería como hacerle un hueco a la mentira. En el lado izquierdo del colchón. Y hacerse la dormida.


Vives una vida sin amor, le decía.

domingo, 9 de agosto de 2015

Ámbar


The Lovers,  Rodin 



I. Castigo

Te siento, le dijo. 

Y el zumbido de un mosquito recorrió el pasillo de un extremo a otro, dejando tras su paso la estela invisible de un silencio perturbador. Deseó poder retenerlo y atrapar su aspereza, al menos por un instante, entre sus castigadas manos. Y deseó con todas sus fuerzas sentir algo real. Dejar de aferrarse a las cosas que conoce y que sabe que terminarán. Y descansar. 


Olvidar el momento exacto en el que volverá a recordar, que está completamente sola,  diez segundos después del último orgasmo. Los polvos tristes al despertar. Los besos guarros para disimular, que hay vacíos que no se pueden llenar, ni siquiera cuando pretende que es amor. Y cuando la follan. Despacio.


Te busco, le dijo.


Y con alas rotas, le persiguió. Le persiguió constante, igual que un corazón desbocado bombeando sangre. Pero él ya estaba revoloteando ebrio al rededor de la luz de otra habitación. Triunfante. 







II. Redención. 


Insectos petrificados en ámbar. Cautivadores, inmunes a la degradación del espacio y del tiempo. Así se sentía ella, translúcida, refulgente... Aquellos especímenes, incapaces de alterar el aire que respiramos, incapaces incluso de dañarnos, pensó, poseían algo sumamente poderoso. 

Algo místico, algo temible: nadie les lloraba. Y ella ya no quería seguir estando atrapada.

Si no hubiera tenido conciencia de la presencia del mar tras aquellas paredes, taladrando la noche en sus orillas, habría jurado percibir la aterciopelada brisa de un campo de trigo meciéndose en una cálida noche estrellada. Segura de captar los contrastes amarillos y terrosos de aquel lugar imaginario, y a pesar de la inmensidad del profundo cielo, y de su oscuridad, dejó que los restos de la tragedia traspasaran su piel. En libertad. 

Y solo por un momento, pensó en él. Pensó que era adicta al dolor. Y sonrío. Espléndida.


De todas formas - se consoló a sí misma - desde la ciudad no se ven las estrellas.

martes, 21 de julio de 2015

La petite mort


Fotograma de La desaparición de Eleanor Rigby, de Ned Benson.



''El tiempo no para por nadie, parece, solo sigue hasta que te arrolla, y si tienes suerte sales malherido.Pero nadie ha logrado parar el tiempo de la manera en la que lo hacías tú''




''La tragedia es como un país extranjero. No sabemos hablar como los nativos''






‘’Cuando pienso en mi muerte pienso en alguien haciéndote el amor cuando yo no estoy ahí’, dijo Bukowski, aquel viejo y lúcido cabrón. Lo escribió posiblemente en un ataque de celos e inspiración. Tal vez era un romántico, o simplemente estaba cachondo, y nada más. Lo que sí sé es que a él le tuvieron que joder bien, y con prisa. Como a mí. Sin dinero en los bolsillos y sin una bonita historia que contar. Sin final. Creo que entiendo a este infeliz, que siento su dolor, en este asunto de creerme también una perra condenada. En este continuo drama. Exorcizarte en el tiempo, detener ese reloj que un día nos marcó el paso a los dos. Y seguir. Porque yo además de morirme siempre, tampoco me termino de morir, ni siquiera cuando pienso en mi muerte. 

Cuando pienso en mi muerte, sin embargo, pienso en tus manos, y en correrme. Fíjate si soy una suicida emocional que incluso a veces añoro los besos. Pero los de verdad. Y sentirme como en casa. Cómo si tú pensaras lo mismo, como si fueras algún Bukowski emborrachándote por mí en la barra del bar..Pidiéndole al vaso de whisky que regresara. Que te curara. Para recordar lo jodidamente hermoso que es sentirse vulnerable delante de alguien. Para recordar lo que se siente. Al volver a desear. Al dejar que se te inunde el alma.

Hasta que olvides cómo nadar.
Cómo salir a flote.
De entre toda esta distancia.

Necesitar tanto de alguien, como aquel que está tan muerto en vida, y que solo necesita morir.









aquí,
en tus brazos

domingo, 5 de julio de 2015

No dire que fue bonito mientras duró


Tengo dos años recordados a base de esperar. Metáforas que mienten. Y una memoria que hace trampas. Cuando parece que vas a regresar. Tengo una vida que no es mía y en la que juego a no ser yo. Siempre intentando volver a atrás. Corriendo. De espaldas.

Tengo un fantasma que ya no me amenaza con volver. Porque nunca ha sabido irse a tiempo. Ni querer. Y tengo una excusa para hacerle aparecer. n. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽eda corazuerta. d cuando se va.   el ño.. En blanco.  delo. Del ruido que hace la felicidad cuando se va. Tengo un futuro en ruinas y un funeral, en el que el cadáver no se deja enterrar. Y todos menos yo, se ríen. En alto.

Tengo dos años olvidados a base de hacerme sangrar. Sobre el papel. En blanco. Y también tengo heridas que muerden. Pero que ya no hacen daño. Ni siquiera cuando juras que es verdad. Que ruido favorito del silencio, es el ruido que hace la felicidad cuando se va. Ni cuando cierras la puerta. Despacio.

Tengo dos años que le quedan muy grandes, a tan poco corazón. No diré que fue bonito mientras duró. No se me llenará la boca con ningún otro adiós. Asumiré la vergüenza, escupiré la venganza, y diré que el amor era todo mío.



Tú, ya no.

miércoles, 3 de junio de 2015

Keats escribió un día: ''soy un cobarde, no soporto el sufrimiento de ser feliz''




Hace días recibí un e-mail que comenzaba así:

‘’Siento que te conozco. He seguido tu historia desde el principio…’’

Y lo más asombroso es que la persona que escribió ese e-mail no me conoce. Pero me dijo que entendía ese dolor. Mi dolor. Que es el mismo dolor que sienten otras, pero que el mío no lo puede sentir nadie más que yo.

Y tuve que pararme un momento a pensar, que qué podría significar eso.

Me escribió que le hubiese gustado saber como éramos nosotros. Que ‘’A’’ de no-amor era puro amor. Que quien sería ese ‘’A’’… Y que mi historia es como una espina clavada en la garganta. O algo parecido. Solo que en la garganta de otra. Y solo que a mí ya me da igual.

Tardé un día en responder. No sabía cómo decirle que a veces me gusta tanto sentirme herida que ya me dejo clavar cualquier cosa. Por eso opté por decirle algo peor.

Supongo que mi respuesta fue decepcionante. Porque ‘’A’’ no existe. Porque la persona sobre la que tanto he escrito no existe. Al menos en este mundo. En el mundo que para mí es el mundo real. ‘’A’’ solo es literatura. Un personaje de mi imaginación. Y nada más. Por eso parece que está vivo siempre. Aunque no lo está.

Supongo que mi respuesta fue decepcionante. Que mis palabras han perdido la magia desde que esa espina clavada ya no me molesta al tragar. Aunque hasta hace poco haya estado tragándome la mierda de otro. Aunque parezca que cuando estoy escribiendo sobre otro también esté escribiendo sobre ‘’A’’. Pero eso es ya es otra historia… Y para contarla me harían falta siete vidas de más. Y yo ni siquiera sé si tengo una.

Laura, siempre confundes lo que simplemente era mierda, con lo que podría haber sido amor.

Y así te va.

‘’Y tú no reconocerías el amor ni aunque lo tuvieses delante de tus ojos’’, dijo la que prefiere idealizar al cabrón antes que mirar hacia delante.

La que prefiere la auto-compasión porque odia la compasión de los demás. La que amaba tanto su soledad que lo que más desea es dejarla de amar. Pero sin su soledad ya no sería ella y sin esta tristeza la vida sería demasiado aburrida. Y entonces no habría motivo para escribir más. Y sin motivos para escribir, de ninguna manera podría ser yo. 

Esa persona escribió en el e-mail que parecía que ahora hablaba de otro. Me preguntó si era verdad. Si había otro. Y a eso no supe que coño contestar. Porque tenía razón. 

Otro. Decepcionante es querer a otro. Y yo había jurado que nunca volvería a dejar a nadie entrar aquí. Y hoy lo vuelvo a jurar. Decepcionante es escribirle a otro la carta más bonita que se podría escribir jamás. Decepcionante es estar en mi piel. Decepcionante es que te lean y aún no sepan quien eres más allá del sexo y de las metáforas que estás cansada de utilizar. Decepcionante, queridos míos, es ser yo. Y que a mi no me escriba nadie. Decepcionante es saber que eres especial cuando lo único que has pedido durante todo este maldito tiempo es poder ser normal. Sentir como sienten ellos. Sentirte normal.

Decepcionante es que te digan‘’No te echo de menos’’. Y no poder incendiar el mundo entero o romperte a ti misma como el trozo de papel que ahora vas a tirar. Decepcionante es que ni aunque quieras, te consigues quemar. Fumar hasta te consuma el fuego y darle la bienvenida a tu infierno personal. Decepcionante no es querer a otro. Decepcionante no es que él no te quiera ya. Decepcionante es que a mí me quieran todos pero no me quiera nadie.


Keats escribió un día: ''soy un cobarde, no soporto el sufrimiento de ser feliz''.
Y aquí estoy yo. Jodidamente sola. Y jodidamente feliz. 


Y así me va.
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