lunes, 23 de febrero de 2015

Secretos


Fotograma de la película 10.000 km, de Carlos Marques-Marcet. 


'' Tú no quieres estar conmigo, quieres que yo esté contigo'' 

'' En cualquier esquina me encuentro alguna mierda que me recuerda a ti'' 


Nos encanta el drama. Nos encantan las conversaciones sobre nada en particular porque creemos que esa es la única forma de decir algo. De decírnoslo todo, aún sin decir nada. Nos encanta sufrir, también. Sobre todo nos encanta hacernos daño. Como si así fuésemos a sentir menos, creyendo que el otro siente más. Y al fin podernos liberar, y dejar de cargar con los recuerdos del otro. He dicho que nos encanta el drama. Y realmente nos encanta. Por el placer de tocar la herida, aunque escueza, aunque sepamos que va doler. Sobre todo si sabemos que va a doler. Por la costumbre de exigir a los demás, mientras nos conformarnos con no exigirnos lo mínimo a nosotros mismos. Por la costumbre de poner cara de desesperación, de romper algo, y luego rogar:  ‘’Si ya no puedo hacer nada más, al menos déjame hacerte daño. Al menos no me olvides’’. 

Qué egoístas somos, incluso en el asunto de sufrir. Egoísta es el que se despierta con otra, pensando en ti, podríamos decir. Con esto digo algo, pero aún así estaría lejos de terminar de decírtelo todo. Como si ‘’lejos’’ fuese tan solo una distancia relativa, y no la gran putada que arrastras en silencio contigo, ahora que ya no me puedes arrastrar a mí. Lejos, sí. Lejos de cerrar esta puerta y quedarnos en paz. Sin sufrir. Sin dejarnos de esperar. Porque en el asunto de sufrir, siempre nos negamos a hacerlo solos. Tener que lograr a toda costa que el otro piense en nosotros. Aunque solo sea eso, pensar. Resistirnos a que nos borren, a que dejemos de importar.Y aunque el pensar no nos lleve a ningún sitio, claro está. Nos encanta el drama. Aunque solo sea para confesar,
‘’Me acuerdo de ti, quería que supieras que a pesar de todo, sigo aquí’’

Aunque solo sea para escribirte dos o tres líneas más. Para inventarnos otra excusa tonta. O dejar las cosas tal y como están. Ignorar el significado de este incómodo ‘’aquí y ahora’’, en el que ni estamos, ni estaremos, ni podríamos estar. Aunque esta vez quisiéramos. Nos quisiéramos jugando a ser Dios, y no a matar. Una última vez. Después de todo, nos encanta el drama. Después de todo, estoy segura que si de pronto estuviéramos juntos, no sabríamos como actuar. Creo que tú y yo solo sabemos estar separados. Y lo peor es que, después de todo, nos gusta esto. El no podernos tocar. Después de todo, no queremos acabar con este drama. No sabemos vivir sin el drama. No queremos dejar de pelear. De intentar convertir todo lo malo en buena literatura. En una historia intimista. En algo bueno que contar, algo capaz de reflejar amor de verdad. O simplemente algo que deje a la vista lo que tenemos, que deje a la vista nuestros secretos. Como si ya no tuviésemos nada que ocultar. Pero tú no tienes nada. No me tienes a mí. Porque en el fondo solo tienes eso. Secretos.




El oscuro e insoportable secreto de que todavía me necesitas
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Entradas

Follow by Email