viernes, 10 de abril de 2015

Y tú, ¿A qué le tienes miedo?



TODO EL DAÑO QUE EL ALMA RECIBE, NACE DE SUS TRES ENEMIGOS


MUNDO



DEMONIO



CARNE





Fotograma de la película Magical Girl, de Carlos Vermut


''Tengo miedo. Tengo miedo de volver a ver a Bárbara''





Quizás hoy alguien se ha tirado a las vías del metro. No lo había pensado hasta el día de hoy, pero hoy, lo pensé. Quizás sí. Quizás solo tú te has dado cuenta. Pero a nadie le importa. A nadie le importan estos muertos. Nadie abre el periódico esperando leer ese titular escabroso. Previsible. Lógico. Nadie querría leer algo así. Pasamos las páginas para consultar la previsión del tiempo. Aunque con toda probabilidad sepamos que lloverá. Y hoy, quizás te va a llover encima. Te lloverá otra vez hasta calarte por dentro. Y tendrás frío en el pecho. Pero menos que el frío que siento yo en los huesos. Quizás quedan dos segundos para que llegue el tren, el último tren, o hace tiempo que ya se ha ido. Quizás solo nosotros nos preocupamos de estos muertos. Y a veces, ni eso. 

El caso es que nadie habla de ellos. Ni de nosotros. Ni de estos muertos. Puedes elegir tomar asiento y no dejarte conmover. Seguir tu camino. O puedes quedarte ahí parado mientras observas como ese escenario pasa a ser parte del paisaje y de la rutina. Pero a ti, a ti todo esto te asusta. Te asusta como a un niño le asustaría imaginar la forma en la que se cruzan las vías en su cabeza. Imaginarme a mí saltando allí. Pero tú ya te has hecho un hueco en ese espacio gris. Y en ese espacio no quepo yo. No cabe nadie más que tú. Porque sí. Porque quizás hoy alguien se ha tirado a las vías del metro. Quizás solo me he dado cuenta yo. Porque tú ya estás muy lejos de la estación como para leerme y sentirme desde donde quiera que estés hoy. Sabes, lo más triste no es que hoy quizás te va a llover encima, o que quizás llegues tarde al próximo tren. Lo más triste es esta forma de decir ''Quizás hoy alguien se ha tirado a las vías del metro''. Sí. Pero quién. Porque aquí solo nos acordamos de los vivos cuando están muertos. Y a veces, ni eso. 

Miedo. Te miro y te increpo, Y tú, ¿A qué le tienes miedo?. Siempre te digo que tienes miedo. Sobre todo cuando yo también lo tengo. Porque yo te tengo miedo a ti. Ves, tiemblo. Pero, ¿acaso sé realmente a qué le temes?. ¿Acaso sé algo de ti?. He dicho que tienes miedo. Y lo tienes. Como yo. Miedo a dejar de tener miedo, te digo. A dejar de fingir. Lo sabes. Sabes que eso sería liberador. Sería liberador algún día dejar de fingir. Pero, ¿qué excusa tendrías entonces para seguir teniendo miedo?. Y es ahora cuando te callas, porque no sabes que decir. Y porque sabes que las palabras, a mí, es lo único que me sobra. Sin excusas ni tú ni yo podemos vivir. Las cosas son así. Yo para dejar de tener miedo tendría que dejar de escribir. Y a veces escribir es lo único que me quita el miedo que tengo de ti. Y a veces, repito. A veces ni eso.

El eterno reproche. Pase lo que pase, la historia comienza así, ''Tuviste elección, y no me elegiste a mí''. He dicho el eterno reproche. Y debería decir eterno destino. Porque es así. Pase lo que pase. No sé diferenciar donde empiezas tú, donde termino yo. Ni donde estamos ahora. Dices que eres feliz. Sin mi. Y yo no te creo. Me fumo un cigarro. Fumo mucho. Y me sabe terriblemente mal. Me río. Como si estuviera cansada de utilizar este cliché para revivir nuestros fracasos. Creo que antes me quito de esta mierda que quitarme de ti. Después me enciendo otro. Y ahora ni siquiera tengo ganas de fumar. Ves, ¿cómo no me voy a reír con eso?. Fumo y es de noche. Parece que siempre es de noche. Hace un par de noches se suponía que debería estar llorando. Pero no sé que cara hay que poner para llorar. Es ridículo. Es perturbador. Pero creo que ha pasado el tiempo y que a base de tiempo se me ha olvidado llorar. Cómo si me pudiese olvidar de eso... Pienso, y no sé de que  te habrás olvidado tú. Pero yo otras veces recuerdo. Noto que me pesa el cuerpo. Y ahí estás tú. Ahí está ese cabrón que no me merece. Pero, acércate, ¿lo notas?. Sigo teniendo los pelos de punta cuando estás aquí. Creo que me late un poco el corazón. Y a veces, lo juro. A veces, ni eso.

Que sí... No necesito hablarlo. No necesito escribirlo. No hace falta decir nada más. Yo lo sé. Y tú lo sabes más que nadie, y mejor. Que intento decir la verdad. Que siempre miento. Que te quiero. Que te odio. Y a veces, cariño. A veces, ni eso.







A veces ni te tengo miedo a ti. 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Entradas

Follow by Email