lunes, 11 de mayo de 2015

Las heridas


Creía que así había vivido toda su vida. Que ellos siempre habían vivido así. En un pequeño espacio en el que ni siquiera cabían los dos. ‘’Maldito él. Maldita yo. Por intentar cerrarle todas las heridas. Creyendo que solo así se curarían las mías’’.  Pero ahora se calló. Por cobardía. Por miedo. No, dijo, yo sí sé lo que quiero. Y entonces él se calló. Piensa, continuamente piensa, que es culpa del miedo. Que una mujer así da miedo. Pero solo se escuchó el ruido de sus tacones mientras dejaba atrás aquella habitación. Pensó que escribir, era sin duda, la peor de las soluciones. Pero escribió. Escribió porque llorar siempre fue una opción demasiado fácil. Y una mujer así solo sabe decir adiós. No había otra forma. Y de ninguna otra forma podría haberlo escrito mejor. Escribió por eso. Escribió para eso. No tener que recordar todas y cada una de aquellas putas cicatrices que no le dejaba tocar. No tener que recordar que las manos con las que escribe, a veces, se cansan de acariciar.








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