miércoles, 3 de junio de 2015

Keats escribió un día: ''soy un cobarde, no soporto el sufrimiento de ser feliz''




Hace días recibí un e-mail que comenzaba así:

‘’Siento que te conozco. He seguido tu historia desde el principio…’’

Y lo más asombroso es que la persona que escribió ese e-mail no me conoce. Pero me dijo que entendía ese dolor. Mi dolor. Que es el mismo dolor que sienten otras, pero que el mío no lo puede sentir nadie más que yo.

Y tuve que pararme un momento a pensar, que qué podría significar eso.

Me escribió que le hubiese gustado saber como éramos nosotros. Que ‘’A’’ de no-amor era puro amor. Que quien sería ese ‘’A’’… Y que mi historia es como una espina clavada en la garganta. O algo parecido. Solo que en la garganta de otra. Y solo que a mí ya me da igual.

Tardé un día en responder. No sabía cómo decirle que a veces me gusta tanto sentirme herida que ya me dejo clavar cualquier cosa. Por eso opté por decirle algo peor.

Supongo que mi respuesta fue decepcionante. Porque ‘’A’’ no existe. Porque la persona sobre la que tanto he escrito no existe. Al menos en este mundo. En el mundo que para mí es el mundo real. ‘’A’’ solo es literatura. Un personaje de mi imaginación. Y nada más. Por eso parece que está vivo siempre. Aunque no lo está.

Supongo que mi respuesta fue decepcionante. Que mis palabras han perdido la magia desde que esa espina clavada ya no me molesta al tragar. Aunque hasta hace poco haya estado tragándome la mierda de otro. Aunque parezca que cuando estoy escribiendo sobre otro también esté escribiendo sobre ‘’A’’. Pero eso es ya es otra historia… Y para contarla me harían falta siete vidas de más. Y yo ni siquiera sé si tengo una.

Laura, siempre confundes lo que simplemente era mierda, con lo que podría haber sido amor.

Y así te va.

‘’Y tú no reconocerías el amor ni aunque lo tuvieses delante de tus ojos’’, dijo la que prefiere idealizar al cabrón antes que mirar hacia delante.

La que prefiere la auto-compasión porque odia la compasión de los demás. La que amaba tanto su soledad que lo que más desea es dejarla de amar. Pero sin su soledad ya no sería ella y sin esta tristeza la vida sería demasiado aburrida. Y entonces no habría motivo para escribir más. Y sin motivos para escribir, de ninguna manera podría ser yo. 

Esa persona escribió en el e-mail que parecía que ahora hablaba de otro. Me preguntó si era verdad. Si había otro. Y a eso no supe que coño contestar. Porque tenía razón. 

Otro. Decepcionante es querer a otro. Y yo había jurado que nunca volvería a dejar a nadie entrar aquí. Y hoy lo vuelvo a jurar. Decepcionante es escribirle a otro la carta más bonita que se podría escribir jamás. Decepcionante es estar en mi piel. Decepcionante es que te lean y aún no sepan quien eres más allá del sexo y de las metáforas que estás cansada de utilizar. Decepcionante, queridos míos, es ser yo. Y que a mi no me escriba nadie. Decepcionante es saber que eres especial cuando lo único que has pedido durante todo este maldito tiempo es poder ser normal. Sentir como sienten ellos. Sentirte normal.

Decepcionante es que te digan‘’No te echo de menos’’. Y no poder incendiar el mundo entero o romperte a ti misma como el trozo de papel que ahora vas a tirar. Decepcionante es que ni aunque quieras, te consigues quemar. Fumar hasta te consuma el fuego y darle la bienvenida a tu infierno personal. Decepcionante no es querer a otro. Decepcionante no es que él no te quiera ya. Decepcionante es que a mí me quieran todos pero no me quiera nadie.


Keats escribió un día: ''soy un cobarde, no soporto el sufrimiento de ser feliz''.
Y aquí estoy yo. Jodidamente sola. Y jodidamente feliz. 


Y así me va.
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