martes, 20 de octubre de 2015

La oscuridad





''Y estamos tendidos juntos, no en la cama
sino en la niebla que a penas nos sostiene.
Soy un fantasma. Ya no se quiebra mi cuerpo
pero tú estás viva y temo por ti''

- El último intento, Yevgueni Yevtushenko. 






Dicen que algunas cosas solo pueden verse en la oscuridad. Que reconocería tu cara en cualquier lugar pero que la oscuridad no tiene cara, solo tiene una voz que habla y un cuerpo que se deja amar un par de veces por semana. Que la oscuridad se parece demasiado a estar contigo y que te toco, pero que la piel que toco no es real. Que allá fuera la noche está llena de silencio. Y que no sé si de pronto  te ha tragado la oscuridad. O si realmente respiras, en la parte de atrás de mi cuello. Que sobre mi mesa hay un vaso vacío y un cenicero sucio en el lugar donde debería estar, todo aquello que ya no te escribo. Las oportunidades de ser feliz que siempre pierdo y las guarradas que te diría al oído. Que creo que llevo tus dedos hacia mi boca para alimentarme de ti y muerdo. Que tengo tu saliva en la lengua y que me tiemblan los huesos. Y que ya no sé diferenciar si esto es un sueño. Si eres tú, o una sombra, el hombre que esta madrugada se quedará a dormir conmigo. O si estoy ebria y si por fin debo aceptar, que esta vez, he perdido. Que ahora llueve y que estoy ebria. Y que me imagino desnudándome para ti y que abro las piernas. Y que imagino que también llueve en tu ciudad. Párpados sellados y detrás de ellos, quizás la lluvia. Pero aquí estoy sola. Y estoy seca y rota. Y sedienta. Y con los ojos cerrados te busco y pienso que de qué sirve caminar sobre mojado. Si esta lluvia ya no es lluvia. Si tan solo es ceniza que cae y que borra el buen tiempo. Tiempo anclado en este quizás en el que también los árboles están desnudos y las calles se han convertido en desiertos. Que junto a mi puerta hay una hoja muerta por cada día desde que no estás. Y que ojalá que vuelva la tormenta. Pero la de verdad. Párpados sellados y detrás de ellos, quizás el viento. Quizás tu aliento con rabia en mi pecho, y la humedad de un otoño que no quiere ser invierno. Que tiene miedo de la luz y de abrir los ojos cuando amanezca y cuando vea que no estás. Que quizás ya no puede despertar. 
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