viernes, 6 de febrero de 2015

''A'' de no-amor



Las Palmas de Gran Canaria, Empieza con ''A'' y es ''A'' de Agosto de 2014.


Querido ''A'' quien corresponda: 

Anoche tuve una pesadilla. Anoche tuve una pesadilla y creo que hoy he vuelto a ver tu sombra. Hoy pasé por delante de tu casa. Sola. Me dolía un poco el pecho, pero te prometo que estaba bien. Hoy el aire no olía a cuando estabas. Era solo aire y ya está. No olía a nada. He dicho que hoy pasé por delante de tu casa. Antes había pasado también por algunas de las calles por las que hay que pasar antes de llegar a la tuya. Era temprano. Por una vez que es temprano en esta ciudad... Caminé y me fui parando delante de algunos locales que abrirían al cabo de una media hora. Locales de comida rápida, locales de golosinas, alcohol y tabaco, locales de joyas y relojes de imitación, locales de electrodomésticos de segunda mano, locales de ropa barata o de teléfonos móviles recién importados de India, o de China, que sé yo. A mí, cualquiera de esas mierdas me hubiesen bastado. Si me las hubieses comprado tú. Solamente tú, claro.

El caso es que me detuve. No sé por qué. Pero me detuve. Tragué saliva. Me quedé observando sus escaparates. Algunos eran escaparates ostentosos, sí, pero igualmente decadentes. Otros eran escaparates cutres y desangelados con a penas cuatro o cinco objetos en el mostrador. Otros descoloridos en el interior y con los remates de las cristaleras oxidados. Como las ventanas de tu casa y también como las ventanas de la mía. Siempre cerradas. Me paré un largo rato. Como si fuese la primera vez que los veía. Porque hoy parecía que era la primera vez que lo veía todo. Me han dicho que eso suele pasar, con las cosas que están ya muy vistas, sabes. Que siempre encontramos algo nuevo de lo que no nos habíamos percatado la vez anterior. Es algo que siempre me pasa contigo. Aunque realmente no haya cambiado nada. Porque aquí no ha cambiado nada. Ni siquiera la marea. Ni tú. Ni yo. Al menos en la superficie.

Anoche tuve una pesadilla horrible. De esas pesadillas que a veces te contaba cuando estábamos tirados en la cama, exhaustos después de follar. (la palabra ''follar'' me aparece subrayada en rojo al editar, creo que ya la he usado en exceso, y sobre todo demasiado mal). Yo creía que una parte de las pesadillas se quedaba a la mañana siguiente vagando por la casa o dentro de la lavadora o pegándose al humo de los cigarrillos para torturarme o metiéndoseme por dentro de la ropa... Pesadillas que eran como bichos, que me picaban a mí y a ti también por estar tan cerca mío. Y porque eras el único capaz de verlas. Las bragas en el suelo y las pesadillas. Por eso te fuiste, quizás. He dicho que anoche tuve una pesadilla pero hoy hubiera jurado estar caminando en medio de un sueño. Solo que lo de hoy tampoco era un sueño.

Es una sensación similar a la que me invade cuando estoy montada en un avión. Y nadie sabe mejor que tú lo que odio volar. Lo nerviosa que me pongo. Volar metida en una de esas máquinas, porque volar de la otra forma pude. Ya no puedo. Ayer me dije que incluso Madrid parecía una ciudad de juguete desde el cielo. O el scalextric gigante que me regalaron aquellas Navidades en las que me empeñé en pedir trastos de niño y ninguna muñeca más. Un gesto de rebeldía, uno de los primeros. Luego habrían muchos otros. Gestos de rebeldía. Y hombres también. Sabes, las cosas se ven distintas desde allá arriba. Cuando sales de la burbuja. No toda la gente vive en burbujas. Nosotros sí. Solo que cada uno dentro de su propia burbuja. Y tú nunca ibas a salir de ahí. Me jode. Pero seguramente si te hubieses quedado, yo tampoco habría salido.

Empieza con ''A'' y es ''A'' de absurdo porque pesadilla no empieza por ''A''. Infierno tampoco. Ni rutina, que viene a significar lo mismo que infierno. Nuestro infierno particular. He dicho que hoy he pasado por delante de tu casa. Sola. Pasé por delante de tu casa y se me revolvieron las tripas. Un poco más tarde regresé. Al volver sobre mis pasos pasé por una tienda a comprar una barra de pan. La iluminación de esa tienda era de luces blancas, unos tubos fluorescentes de los que se utilizan en los hospitales para que la gente parezca más pálida, o más enferma, o las dos cosas a la vez. No soporto esa iluminación blanca. Me marea esa iluminación. No sé porque sigo comprando pan a última hora de la tarde y yo nunca ceno con pan. No sé porque sigo haciendo otras tantas cosas. No sé que hago volviendo a casa a pasar unas cuantas noches, realmente no sé porque necesito huir, descansar. O descansar de huir. Lo mires por donde lo mires creo que estoy diciendo lo mismo. (''Huir''. Menos mal que esa palabra no empieza con ''A''. Una palabra que te define y que para colmo no empieza por ''A''...) Así que es eso, huir. Huir como si me estuviese persiguiendo algo. Como si me persiguieras tú y yo ya no me quisiera dejar encontrar. Que paradoja. 

He dicho que no era una pesadilla pero tampoco era un sueño. Simplemente no se percibía como realidad. Hoy era solo eso. Una foto en blanco y negro del verano pasado en la que salgo sujetando un cigarro. Hoy caminaba más fuerte de lo normal. O el taconeo de las botas quizá significaba que están ya gastadas y dentro de poco tendré que tirarlas a la basura. A la basura. Como todo aquello por lo que en algún momento he sentido afecto. Como contigo y con todas las cosas que poco a poco fuiste amontonando. Y luego fui yo la que tuvo que deshacerse de toda esa porquería. Para variar, yo. Quién sino iba a hacerlo. Quién. Y aún así puedo decir que me he acostumbrado, que este sentimiento de fracaso me gusta. Que esta tristeza autoimpuesta me gusta. Es un sentimiento reconfortante cuando se va. Por eso me gusta. Me gusta que la ciudad esté así, tan gris. Oscura y espectral. Igual que en esa foto en blanco y negro. Cuando la ciudad está gris me noto caminar más fuerte. También mi respiración va más deprisa. Y toso más desde que olvidé los detalles. Desde que olvidé a qué sonaba la tuya. Tu respiración. A qué sonaba tu entrecortada y áspera respiración. En mi espalda. 

No sé que coño hago hablándote a ti. Como si en cierta forma no estuvieras muerto. Muerto, sí, hablando en el sentido metafórico de la palabra. Porque hay muertos que ahora mismo están más vivos que tú. Más presentes. Creo que lo sabes. Aunque los muertos no piensan, ni sienten, solo aparecen de vez en cuando como tú, y tú ni siquiera te apareces de verdad. Igual que el resto de muertos, claro. No sé lo que me digo. Tiene su gracia, ¿no crees?. Al fin y al cabo creo que solo tú me entiendes. Tú me conoces. Pero a estas alturas no necesito que nadie me recuerde lo de la puta conexión que solo tengo contigo. O tenía, no lo sé. No necesito que nadie te mencione. Que te describan, te analicen. Que digan que te conocen como yo. Que te conocen mejor que yo. Porque hay cosas de ti que no quiero saber. Porque hay cosas de ti que toda la vida serán un misterio.

Empieza por ''A'' y es ''A'' de amigos. Releo una antigua conversación y te digo que a la mierda la amistad, no sé en que momento se te pasó por la cabeza que podríamos haber sido amigos. De ninguna manera. (maldita costumbre esta de releer todas nuestras discusiones). Aunque no estés aquí y aunque estés lejos en otro lugar donde para mí no existes. Porque aquí ya tampoco existirías. Con todo lo que ha pasado, nunca me he molestado en contar el número exacto de kilómetros. Aunque imagino que son demasiados como para ser contabilizados. Tiene su gracia, pienso. Que me dijiste que lo hiciera, que desapareciera. ''Total, me da igual, desaparece''. Que por ti lo pensase. Que pensase en desaparecer, digo. Y que aún siga aquí y aún no lo haya hecho. No está en mis planes desaparecer del mundo. Todavía. No sé tú, pero yo soy una luchadora. Soy una jodida luchadora.

No te preocupes por mí, aunque sé que no lo harás. Pero igualmente yo te lo digo. Igualmente te sigo diciendo todas estas cosas. Bajo el dolor puro no puedo escribir. Quise hacerlo pero he fallado. Y he fallado porque has fallado tú. Y porque estoy cansada de que me fallen. De saber que me volverán a fallar. Y todo eso. Escribo. Ahora solo escribo de noche, aunque la noche siempre me haya dolido un poco más. En el fondo la noche no es tan mala como la pintan. Aunque la hubieras pintado tú y aunque yo casi no duerma. No sé que diferencia hay  entre esas dos formas de crear poesía. A ti te gustaba. La poesía. A ti te gustaban las chicas tristes como yo. Te gustaban antes. No sé como te gustarán las chicas ahora. Ahora me limito a concentrarme y escribo. Tu antes hacías el amor con lo que yo escribía. Antes. Es tarde. Como si fuese demasiado tarde para todo. Tengo la nariz fría y escribo. Y vivo. Es la ostia. Que bien suena eso de ''la ostia'' aunque creo que nunca utilizamos esa expresión para referirnos a nada. ''La ostia'' que bien suena así.

Lo importante es que vivo. Lo importantes es que ahora entiendo porque a algunos les da miedo el hecho de estar vivos. No tanto por la posibilidad de dejar de estarlo. En cualquier momento inesperado. Sino por la incertidumbre de no saber que hacer mientras tanto. Como matar los minutos antes de que estos te pillen desprevenido y te maten a ti. Una odisea. Yo vivo y escribo por eso. Para que no se me vaya la cabeza, para no olvidarme de quien soy. Escribo porque no tengo fe ni en ti ni en Dios. Porque no tengo fe en casi nada. Que sí, que lo tengo que aceptar. (Aceptar es una palabra que también empieza por ''A'', dirías. Pero es una palabra demasiado triste hasta para empezar con ''A''). Que sí, que lo tengo que superar. Que a ver cuando comienzo a escribir de verdad y a dejar de lado estas mierdas sensibleras y autobiográficas que me esfuerzo por transformar en una obra de ficción. Ficción mis cojones, dirías. Dime algo nuevo. Dime algo que ya no sepa. Si es que la culpa es de las palabras. No hay una sola de mis palabras que no apeste a ti. Lo sabes. Ni una sola que no esté podrida. Y no han querido dejar de hacerlo. Las palabras. Las palabras son las que saben que te echo de menos. Las condenadas.

Empieza con ''A'' y es ''A'' de accidente. Accidente mortal. Solo sé esto y esto es lo único que sé, que no eres nada más que esta sombra extraña que pasa como una corriente fría, o como el escalofrío que sentiría con tus manos rodeando mi cuello para terminar de asfixiarme la vida. Para quitarme la vida de una vez. Arrebatármela. A veces me gustaría eso. Cerrar los ojos y notar tus manos en mi cuello. Eso sí que sería un instante de paz, eso sí que sería ponerle el punto y final a esta historia de mierda. Poner el punto y final a lo grande. Que me volvieras a tocar, digo. 

Hoy he pasado por delante de aquel puto portal. Aquel puto portal en el que nadie más se fija pero que lleva grabado tu nombre. Deberías haberlo escrito de verdad. Al menos hubieses dejado constancia. Ese puto portal, me digo. Cada vez que lo vuelvo a ver me parece que está más inaccesible y escondido. Más viejo y más sucio.Tal vez el problema es que está más pequeño sin nosotros.Hasta que desaparezca tal vez. Que dejamos de importar. Porque el mundo es el que puede seguir, y sigue, perfectamente sin nosotros. Como si eso fuese realmente el problema o como si el portal no quisiese que yo me acercarse. Estupideces. Un portal no está vivo y un portal no tiene memoria, y mucho menos conserva los recuerdos que conservo yo... A veces no sé para que quiero guardar tantos y porque no los mando al carajo ya. Al carajo. 

Sé que no debo, pero... Así empieza todo. Empieza por ''A'', y es ''A'' de no-amor. Porque amor para ti no me queda nada. Ni un poco. A mí antes el amor no me cabía en las manos, no se me sujetaba entre los dedos. Antes también empieza por ''A''. Que curioso. Hoy no pude evitar acercarme. Eso tiene su gracia, también. El hecho de que me acercara. Hoy había una pareja sentada allí, dándose el lote. Supongo que tendrían la edad que teníamos tú y yo cuando nos conocimos, y cuando nos dábamos el lote en ese mismo portal. Siempre con tanta prisa. Siempre tan calientes. Sudando como cerdos. Aunque seguro que nosotros éramos mucho más guarros que ellos. Con lo guarros que fuimos... y con lo guarros que seguimos que apuesto que seguimos siendo ahora por separado. El caso es que me hizo gracia. Eran unos críos. Como todos los críos que no saben todavía como pueden torcerse las cosas, como el cómplice se convierte en adversario y te retuerce. Disparar a matar. La crueldad, los insultos. Todo lo que viene detrás... Es bonito, pienso yo. Es bonito entregarse a alguien. Es bonito ese camino, excepto al final del todo. Empieza con ''A'' y es ''A'' de abandonar. Abandonar como a un perro. Una perra. No es fácil saber cuando es ese final, pero cuando lo sabes, lo es. Así de definitivas son las cosas. Un no-bonito final. Con las cosas que nos dijimos. Con las cosas que no nos dijimos. No tener una puerta a mano para dar un portazo y desearle a la otra persona el mal. Y eso ya no es tan bonito. No es nada bonito, la verdad.

La pareja que vi hoy era pareja de 17 años. Ella, una chica rubia oxigenada y bajita, no le vi la cara pero instintivamente pensé que estaba muerta de frío aunque el no dejaba de tocarle el culo y de apretarla torpemente contra sí mismo. A un hombre le lleva más tiempo que a nosotras aprender como hacernos entrar en calor. Aunque tú aprendiste rápido. Muy rápido. Él, un chico normal, pantalones ajustados marcando el paquete, y sonrisa de niño, casi me hizo volver a sonreír a mí pensando en la tuya. Y en tu paquete, también. Aunque ese pensamiento tan solo durase uno o dos segundos más de lo habitual antes de sentir que me muero de la rabia. Tú y yo, no hay tú y yo. La tía acojonante y el tío acojonado. La puta pareja perfecta. (la palabra ''acojonante'' aparece subrayada también en rojo, como la palabra ''follar''. Ignoro por qué será).

Empieza por ''A'' y es ''A'' de ausente. Si de algo ha servido el tiempo es para nada. Me ha dado cuenta de que soy un desastre sin ti, y eso que yo pensaba que era imposible ser más desastre de lo que era estando contigo. De lo que éramos. Pero  mira si es posible que cada vez que hago una nueva tontería tengo que volver a hablarte a ti. A hablarte a ti para qué. Para nada. ¡A hablarle un muerto!. Ni siquiera a hablarle directamente a un muerto, sino a una pantalla de un ordenador y a un documento de Word que lleva por título tu inicial. A un documento guardado en la carpeta de documentos. Y más tarde a una entrada en un blog que tal vez lees. O tal vez no. (Que ojalá que no me leas). De todas formas te hablo y de todas formas estoy vacía. Estoy sacando todo lo que llevo dentro a cucharadas. Muy profundas. Pero no me vergüenza. Después de todo, vaya putada. Vaya ironía que esto sea lo más sincero que he escrito en mi vida. Lo más sincero que te he escrito. Creo que estarás de acuerdo conmigo. Porque si algo nos sobró fue pasión, y si algo nos faltó fue precisamente de eso, sinceridad. Y echarle huevos, ya que estamos. ''¿Me has escrito algo?'', preguntas. Y yo no sé que contestar. (Te he escrito mucho más de lo que no está escrito. Me tienta tanto la idea de escribir tu nombre...)

Si de algo ha servido el tiempo es para dejarnos de querer. Por fin. Yo sé que tú no me quieres. Y yo tampoco te quiero a ti. Aunque no lo creas. Aunque no lo creas siento alivio al pensar que estas muerto. Al pensar que te he dejado de querer. Que no estoy tan colgada de ti como solía estar. Te echo de menos, pero ya no se me rompen los esquemas al pensar. Y pienso más de lo que se debe pensar. Mucho más de lo que cualquiera debería. Yo sé que tú no me quieres, repito. Y está bien así. Porque yo no quiero que vuelvas. He dicho pesadilla y era una pesadilla. La pesadilla en la que vuelves. Yo me despierto sobresaltada en medio de la madrugada y ahí estás. Quiero arrancarme los ojos. Para no verte. Te ríes. ''¿Por qué me miras así?. Ya he vuelto. He estado dando un paseo. Sé que he tardado un poco. Pero ya estoy aquí''. Te vuelves a reír. Como si fueses un diablo. Pero diablo no empieza por ''A''. Y tampoco cobarde.

Adivina, empieza por ''A'' y es ''A'' de animal.Si de algo ha servido el tiempo es para dejarme hacer cada vez más tonterías, para cagarla más y mejor.  Adivina, la nueva y última tontería es que me han roto el corazón. A la perra le han roto el corazón. Y lo peor es que me lo he creído. Que podían romperme el corazón, digo. Como si quedara algo de él después de ti. (''Algo de él''. Algo de mi corazón. Tengo la puta manía de hablar de mi corazón como si fuese una persona, porque para mí hay personas que no considero que sean ni eso, ni personas). A la perra le han roto el corazón por no ir con cuidado y abrir su vida a cualquier desgraciado que se le parezca un poco a ti. Aunque este solo se te pareciera desnudo, ni siquiera en la cama. Al menos este si era un desgraciado, de los de verdad. He estado tan cerca. Casi tendrías que darme la enhorabuena, casi lo conseguí. Casi consigo volver a sufrir igual de fuerte que antes. Mira que lo intenté. Lo de sufrir, digo. A ver si así era lo mismo de antes. Que de dolor no se muere nadie, ¿no?. Pero ni con esas siento, ni con esas sufro. Es por eso que esto ha sido otro maldito error. Simplemente otro más, otro tío más al que le sucederá otra lista interminable de otros tíos y otros fallidos desastres no tan desastres como lo que podríamos haber terminado siendo nosotros dos. Si hubiésemos seguido juntos, claro. Si nadie hubiese ocupado nuestro lugar, claro. Si para mí no hubieran existido más tíos, ni para ti otras perras. Por eso es que me curo. Pero me curo a lametazos. Esta perra se cura a lametazos. Como solo saben hacerlo las perras, claro.

La diferencia es cuestión de corazón. O de como destrozarlo. No es que él no tuviese corazón. Sí que tenía. Pero lo tenía para otra. Otra que no era yo. Él tenía su ''A'' particular, como yo. Tenía su propia perra a la que adorar, su talón de Aquiles. Solo que su ''A'' no empezaba por ''A''. Y a mí no me importaba porque letra empezara. No me importaba. Él también esta muerto. Y la diferencia es que nada de eso me da tanta pena como yo creía que me iba a dar. La diferencia es que ahora sí me recompongo. Esta vez no voy a morir. Esta vez no me arranco la piel. Aunque las pase putas. Aunque me humillen. Aunque me vuelvan a sustituir por otra. Aunque sea el mundo el que me vuelva a joder.  Que le jodan al mundo. Que le jodan y te jodan a ti también. Que a mí ya me han jodido bastante. El mundo y tú. Y él también.

La diferencia es que yo no quería vivir sin ti y tampoco podía vivir sin ti. Ninguna de las dos cosas. La diferencia es que sin él tampoco quería vivir, pero sí podía vivir sin él. Vaya, qué cosas... A todos se nos ha caído el pelo y por los pelos no me he muerto yo. Ya lo ves. La diferencia es que a él no le necesitaba, pero quería estar con él. Al menos durante un rato. Siempre confundo las cosas. Siempre soy la que llora por los dos. Y ahora lloro por tres. Por mí, por ti, y por él. No es romántico. Es ridículo. Lo ridículo es que al final sí podía vivir sin ti, y sí podía estar sin él. Lo ridículo es que al final solo yo me quedo conmigo. Y que así está bien. Sin ti. Sin él. Sin los dos.

Empieza por ''A'' y es ''A'' de Adiós.
Y también termina.
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