miércoles, 24 de agosto de 2016

Motel Paraíso





''Deseó estar perdido en un vasto país donde nadie le conociera, algún sitio sin gente, ni calles. 
Soñó con ese sitio sin conocer su nombre, y cuando despertó, estaba ardiendo. 
Había llamas azules quemando sus sábanas. 
Corrió a través de las llamas hacia las únicas personas que amaba.
Pero se habían ido.''

- Paris, Texas. Win Wenders. 




Mi corazón es como un cuarto de alquiler. Mi corazón es un lugar de paso, una parada luminosa a mitad de camino. Todos llegaron haciendo autostop. Todos los que vienen del infierno fueron a parar al Motel Paraíso. No sé cuantos interrumpieron su viaje. No sé cuantos desconocidos se pararon junto a la carretera de mi vida. Cuantos encontraron huellas de suciedad sobre la moqueta, las botellas del minibar vacías y una cama que no es cómoda si es para dos. Quizás alguno encontró algún destrozo que dejó el anterior. Un espejo roto. Una declaración de amor eterno vendida al mejor postor. Una pared que habla contando viejas historias, con una voz que es murmullo y viento al otro lado de la línea telefónica. 

A veces se marchan sin pagar la factura. A veces se marchan antes de que la luz de la mañana silencie al polvo que duerme sobre las cortinas cerradas de mis ojos. Quejándose de que aquí dentro siempre es de noche. De que hay goteras y humedades y hace frío. A veces quieren salir de este cuarto como de mi cuerpo. Como si fuese la misma cosa. Sé que es agotador. Levantar la persiana, calentar las sábanas dos veces por semana. Guardar entre las piernas aliento y palabras. Que una sonrisa alivie el maltrago. Y  luego preparar el estómago para la despedida.  

Y también sé que mi corazón es como un cuarto de alquiler. Y sé que nadie puede quedarse a vivir en él.   


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