domingo, 14 de mayo de 2017

Amores perros


Me he llenado la boca de odio como si el odio doliese menos y el asco no fuese el peor de los compañeros de cama, cuando duermes sin sueños. Fumo por ignorarlo y presumo de golpes en donde antes lo hacía de besos. Menos mal que es tarde. Que de ausencia nadie se desangra y que yo nunca aprendí a morderme la lengua. 

Quien dice que el mar está lleno de peces no sabe que yo ya he ahogado mis sentimientos y he vaciado los restos de tu saliva en demasiados vasos con hielo. Ardiendo.
He cerrado un capítulo como quien abre una herida, nueva. He matado de hambre al amor porque muerto el perro la rabia no se acabó y esa pistola me la pusiste tú en el pecho. Si lo escuchas ladrar algún día de estos, será solo por esa vieja costumbre de lamer al primero que pasa y creerse con dueño. 

Se va a quedar al otro lado de la puerta de la indiferencia, exactamente igual que yo. Lejos, aguantando el chaparrón
y en los huesos 
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