domingo, 18 de junio de 2017

Las horas después de la fiesta, parte III



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’Él número al que llama no está disponible en este momento, por favor, deje su mensaje después de la señal’’

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Tengo la sensación de que te estoy llamando desde otro planeta... Desde que no contestas tengo la sensación de que estoy viviendo en el planeta equivocado. Un planeta en el que siempre estás comunicando, un planeta en el que siempre salta el buzón de voz. Extraño tu voz cada vez que respiro y respiro todo el tiempo. Seguramente reconocerás mi voz en seguida. Seguramente al escuchar la primera palabra sabrás que soy yo, maldecirás entre dientes e identificarás al momento ese acento familiar que antes te dolía tanto en el pecho.

No sé qué cara pondrás al escuchar este mensaje, no sé qué cara hay que poner cuando es el pasado el que te llama sin previo aviso, después de haber bebido más de la cuenta y a eso de las 6 y media de la mañana. Supongo que te extrañará saber que sigo respirando. La verdad es que, a mí, después de todo, también me sorprende. Pero como ves, respiro. Respiro y respiro todo el tiempo, pero lo hago por inercia, por asco y por aburrimiento.  

Te preguntarás por qué te he llamado, verás, el caso es que ni siquiera yo lo sé… El caso es que siempre me siento así a esta hora.

Cuando más me siento como algo que una vez fue parte de ti, es cuando regreso a casa después de una fiesta. Hoy no he ido directamente a casa. Necesitaba pasar primero por la playa. Necesitaba pasar primero por la playa porque siento que esta persona que soy ahora, ya no soy yo. Siento que estoy fingiendo con todos y todo el tiempo. Hoy ha sido una de esas noches en las que no me ha faltado de nada, pero en la que me faltabas tú. Una de esas noches en las que me han sobrado cumplidos y hasta los tacones y el maquillaje. Me imagino que todo esto te parecerá una locura, ¿no? Siempre te lo parecía…

Te preguntarás por qué te he llamado. Quizás te he llamado porque he venido a esta playa y porque esta playa es mi lugar favorito del mundo.

Me he sentado en la arena a observar el mar. Sé que hay mucha gente que lo piensa, pero yo nunca he pensado que el mar esté sobrevalorado. De noche es cuando más me gusta. Me gusta su profundidad y la forma en la que la espuma del oleaje se pierde contra las rocas. Algo así como la tormenta y la calma que viene después.  Algo así como esa sensación. Hay en ello cierta rabia y melancolía que me recuerda demasiado que esta ciudad y que esta playa, no te conocen. Algo así. Solo que aquí todavía no ha llegado la calma.

Lo más absurdo que he hecho durante este tiempo es volver a reproducir los últimos audios que me enviaste. Es irónico, porque antes me ponían enferma muchas de las cosas que decías. Antes me ponía enferma al escuchar tus contantes enfados, tus celos irracionales, tus reproches. Ahora, con tal de escucharte una vez más, soy como un niño sujetando una caracola contra su oreja, esperando que algo o alguien responda desde el otro lado.

Es evidente que me estoy castigando por no castigarte a ti y ahora lo sabes. Ahora sabes que lo más triste que he hecho durante este tiempo, es preferir un insulto antes que un silencio. Supongo que esto me pasa por masoquista emocional, tú mismo me lo decías. Que mi dolor era algo autoimpuesto, algo que estaba en mi mano cambiar, que la felicidad era una elección personal. Y me lo decías tú, el que al final me enseñó que hay cosas que duelen mucho más que una hostia en la cara. Supongo que a veces tenías razón y que mi problema es que encuentro algún tipo de placer al sentirme herida. Puede ser... Supongo que el golpe que recibí cuando te fuiste no me pareció suficiente. Aquel golpe fue el detonante y por eso desde entonces he necesitado más y más y más. Hoy he pedido más. Hoy este vacío que acompaña a la humillación sigue sin parecerme suficiente.

Sigo sentada frente al mar. Pronto amanecerá. El de hoy será un amanecer increíble, como aquellos que te describía y que soñabas con poder ver algún día conmigo, sentados en la arena, justo desde aquí. Ahora estoy sola y creo que los efectos del alcohol y mi amor por ti empiezan a desvanecerse. No sé a donde van a irse. Me da pena, ¿sabes por qué? Porque el cielo se abre como si existiera una oportunidad para empezar de nuevo, una oportunidad para todos, pero es mentira. De verdad, si pudieras ver lo hermoso que es este amanecer… sé que tú también llorarías.

¿Dónde estarás tú esta noche?

Me pregunto dónde estarás ahora. Donde quiera que estés, supongo que aquí sigue siendo una hora menos y que entre nosotros la distancia que existe es una distancia de años luz. Y que eso va a ser así para siempre. Donde tú vives no hay mar, así que no sé qué estarás mirando. Tal vez un campo de flores amarillas, tal vez una calle desierta después de una fiesta, tal vez el cielo volviéndose naranja, tal vez tus ojos en otros ojos. Supongo que no lo sabré nunca. 

Antes solía imaginar tu mundo de esa forma. Pero no sé qué ruidos hay alrededor de tu mundo ahora mismo. Aquí lo único que se escucha es el sonido de la marea. El resto es silencio y el silencio no hace ningún ruido, puedes imaginártelo, pero hoy el silencio es tan grande que da miedo. Así se sentía nuestra relación, ¿sabes? Como cuando sube y cuando baja la marea. Siempre había algo que buscaba anclarse a la orilla y que terminaba borrándose.

Te preguntarás por qué te he llamado, por qué te he llamado precisamente yo, que mi nombre es el nombre que tú, en tu presente, le has dado al pasado.

A veces el presente tiene muchos nombres. A veces se llama Alejandro o Carlos o Hugo o Jorge… Tiene muchos nombres, depende de si le llamo un jueves, un viernes o un sábado por la noche. Siempre viene cuando le llamo. Pero nunca se llama amor. Nunca tiene tu nombre. Últimamente se ha quedado por aquí a pasar los domingos, se despierta y desayuna conmigo. No se parece en nada a ti y eso es lo mejor que me podría haber pasado y al mismo tiempo lo más terrible. Pero a veces he creído reconocerte en él, no lo sé. Quizás solo en un gesto, quizás solo en un abrazo. Apareces sobre todo ahí, en el calor de después del sexo y en esos abrazos que se dan por espalda.

Lo que sé bien es que no amaré de nuevo, porque no quiero, ni puedo. Prefiero el mar. El mar no pide permiso y tampoco pide disculpas. El mar no se va, aunque seas tú el que te vayas y regreses después de cien años de soledad, el mar siempre estará siempre en el mismo sitio. El mar estará siempre esperando a que se haga de día, como hoy. Se ha hecho de día, debo colgar e irme a casa a olvidar y a dormir. Suficiente mar por hoy. Sabes, el mar contiene esas palabras perfectas para despedirse. Esas palabras que pocas veces se utilizan para despedirse cuando despedirse es para siempre.

Donde quiera que estés, adiós. Y suerte, por si algún día me necesitas.
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