miércoles, 21 de junio de 2017

Las horas después de la fiesta parte IV







''El número al que llama no existe’’


***

El planeta del que llamas debe estar fuera del Sistema Solar…. Un planeta en el que siempre estamos girando alrededor de nosotros mismos, un planeta en el que no podemos volvernos a tocar. Tengo la sensación de que estás todo lo lejos que alguien puede estar cuando ese alguien se ausenta. No me atribuyas intenciones mezquinas, yo tampoco soy de piedra. Me alegra saber que aún respiras y que ya no hablas de dolor sino de inercia. Supongo que ahora eres tú la que sabe, que ese aburrimiento y ese asco que sientes es compartido. Que a mí también me pesar respirar y respirar me pesa mucho más de lo que te imaginas.

Dices que estás viviendo en el planeta equivocado, pero quizás el que está viviendo ahí soy yo y hasta ahora no me había dado cuenta. Y es que, si te digo verdad, desde que me fui de tu lado, en vez de a un planeta, esto se le parece mucho más a un agujero negro. Revisar mi buzón de voz y encontrar ahí la tuya ha sido algo demasiado parecido. Algo que tiene tu misma intensidad. Algo que pasa de largo y lo absorbe todo con infinita crueldad.

Por si te interesa saberlo, la cara que he puesto al escuchar tu mensaje es la misma que puse la última vez que te vi. Y no, no es de sorpresa. Es de puro vacío y resignación. Yo también he bebido más de la cuenta y no es ninguna novedad que a las 6 y media de la mañana te me aparezcas sin que te me aparezcas de verdad.  

Te preguntarás por qué te he respondido, verás, el caso es que yo tampoco lo sé… El caso es que sé que debería haber hecho muchas cosas que no hice.

Al menos en algo estamos de acuerdo. Yo cuando más me siento como algo que una vez estuvo dentro de ti, es cuando está terminando una fiesta. Es algo extraño porque durante la fiesta nunca pienso en ti, hasta que la música deja de sonar tu recuerdo no me molesta. El camino de regreso a casa ya es otra historia. A ti aquí tampoco te conocen ni árboles, ni las plazas, ni las fuentes, pero los ruidos de mi alrededor son más acojonantes que el silencio.

Te preguntarás por qué te he respondido. Supongo que te he respondido porque aunque el tuyo esté roto, tienes un hogar. Y yo en este mundo no tengo un lugar favorito ni refugio. 

Me gustaría poder decir que me dejé la piel en la tuya y que me equivoqué. Pero lo más absurdo que he hecho durante este tiempo ha sido no hacer absolutamente nada. No echarle huevos, no mover un puto dedo. Tal vez esto será a ti a la que le sonará a locura, pero créeme, eso es mucho peor que haber cometido cualquiera de los innumerables errores que tú cometiste conmigo. Entre nosotros la felicidad si era una elección y cualquier castigo nunca fue suficiente. No deberías castigarte más. Al final tú has sobrevivido y sobrevivirás siempre a las heridas y a los golpes. Soy yo el que se ha quedado entero y solo. Y ahora, dime, ¿de qué me sirve eso?

Estoy parado en un descampado de camino a casa. No hay flores amarillas y encima de mí el cielo no se ha vuelto de color naranja, sino rojo. Te describiría con palabras lo que me queda de ese futuro con el que soñabas, cuando soñabas con estar aquí, pero a ti siempre se te dio mejor hablar de imposibles.

¿Dónde estarás tú esta noche?

Aquí no hay rastro de tu mar y menos mal porque de haberlo, de seguro que me ahogaría. Hoy he pensado en lo mucho que extrañabas el mar y en lo poco que entendía que intentaras escucharlo apoyando tu cabeza en mi pecho. Tú siempre fuiste una buena nadadora. Eras la más rápida y la más fuerte. Pero me asustaba lo profundo que podías llegar a hundirte a veces. Supongo que entonces nadabas por los dos y que yo era el peso muerto de la relación, el que sentía el agua al cuello.

Ha amanecido hace ya rato. Este no es un amanecer de película, pero al menos no es tan triste como el tuyo. Al menos mis ojos siguen estando en el mismo sitio, mirando cualquier cosa con tal de no mirar a nadie como te miraba a ti. Pero no he llorado ni esta noche ni nunca. Supongo que esta es la única promesa que cumplí. Aquí el cielo tampoco hace más promesas, pero sí se pregunta dónde estarás ahora. Donde quiera que estés, sigo confundiendo los efectos del alcohol con mi amor por otras mujeres y la distancia de la que hablas incluso se queda corta.

Te preguntarás por qué te he contestado, por qué te he contestado precisamente yo, que me empeño por llamar al presente con un nombre con el que el pasado parece que nunca existió

A veces el presente tiene muchos nombres. A veces se llama Ana, Cristina, Raquel o Julia. Tiene muchos nombres y no me importa qué día de la semana sea, que venga cuando la llamo depende solo de mi orgullo. A nosotros siempre nos ha resultado demasiado fácil reconocemos en cualquiera. A ti tampoco se te parece nada. No tiene ni tu pelo, ni tu sensibilidad, ni tu risa. Quizás lo habrás adivinado. Pero en mi caso no se queda a pasar los domingos, en muchas ocasiones me falta calor y el el sexo no es lo mismo, nunca es lo mismo.

Lo que sé bien es que te amé mucho y mal y que por primera vez ya no prefiero lo contrario al amor. Lo contrario al amor no es el odio o la indiferencia, lo contrario al amor es el miedo. Y con miedo no se puede vivir. Aquí también se hace de día. Debo colgar, hacer lo que tú. Irme a casa a olvidar y a dormir. Aquí también se ha hecho de día y en este día no hay palabras perfectas para despedirse.

Donde quiera que estés, dos veces adiós. No me desees suerte, un día la tuve y la perdí.

domingo, 18 de junio de 2017

Las horas después de la fiesta, parte III



-->
’Él número al que llama no está disponible en este momento, por favor, deje su mensaje después de la señal’’

***

Tengo la sensación de que te estoy llamando desde otro planeta... Desde que no contestas tengo la sensación de que estoy viviendo en el planeta equivocado. Un planeta en el que siempre estás comunicando, un planeta en el que siempre salta el buzón de voz. Extraño tu voz cada vez que respiro y respiro todo el tiempo. Seguramente reconocerás mi voz en seguida. Seguramente al escuchar la primera palabra sabrás que soy yo, maldecirás entre dientes e identificarás al momento ese acento familiar que antes te dolía tanto en el pecho.

No sé qué cara pondrás al escuchar este mensaje, no sé qué cara hay que poner cuando es el pasado el que te llama sin previo aviso, después de haber bebido más de la cuenta y a eso de las 6 y media de la mañana. Supongo que te extrañará saber que sigo respirando. La verdad es que, a mí, después de todo, también me sorprende. Pero como ves, respiro. Respiro y respiro todo el tiempo, pero lo hago por inercia, por asco y por aburrimiento.  

Te preguntarás por qué te he llamado, verás, el caso es que ni siquiera yo lo sé… El caso es que siempre me siento así a esta hora.

Cuando más me siento como algo que una vez fue parte de ti, es cuando regreso a casa después de una fiesta. Hoy no he ido directamente a casa. Necesitaba pasar primero por la playa. Necesitaba pasar primero por la playa porque siento que esta persona que soy ahora, ya no soy yo. Siento que estoy fingiendo con todos y todo el tiempo. Hoy ha sido una de esas noches en las que no me ha faltado de nada, pero en la que me faltabas tú. Una de esas noches en las que me han sobrado cumplidos y hasta los tacones y el maquillaje. Me imagino que todo esto te parecerá una locura, ¿no? Siempre te lo parecía…

Te preguntarás por qué te he llamado. Quizás te he llamado porque he venido a esta playa y porque esta playa es mi lugar favorito del mundo.

Me he sentado en la arena a observar el mar. Sé que hay mucha gente que lo piensa, pero yo nunca he pensado que el mar esté sobrevalorado. De noche es cuando más me gusta. Me gusta su profundidad y la forma en la que la espuma del oleaje se pierde contra las rocas. Algo así como la tormenta y la calma que viene después.  Algo así como esa sensación. Hay en ello cierta rabia y melancolía que me recuerda demasiado que esta ciudad y que esta playa, no te conocen. Algo así. Solo que aquí todavía no ha llegado la calma.

Lo más absurdo que he hecho durante este tiempo es volver a reproducir los últimos audios que me enviaste. Es irónico, porque antes me ponían enferma muchas de las cosas que decías. Antes me ponía enferma al escuchar tus contantes enfados, tus celos irracionales, tus reproches. Ahora, con tal de escucharte una vez más, soy como un niño sujetando una caracola contra su oreja, esperando que algo o alguien responda desde el otro lado.

Es evidente que me estoy castigando por no castigarte a ti y ahora lo sabes. Ahora sabes que lo más triste que he hecho durante este tiempo, es preferir un insulto antes que un silencio. Supongo que esto me pasa por masoquista emocional, tú mismo me lo decías. Que mi dolor era algo autoimpuesto, algo que estaba en mi mano cambiar, que la felicidad era una elección personal. Y me lo decías tú, el que al final me enseñó que hay cosas que duelen mucho más que una hostia en la cara. Supongo que a veces tenías razón y que mi problema es que encuentro algún tipo de placer al sentirme herida. Puede ser... Supongo que el golpe que recibí cuando te fuiste no me pareció suficiente. Aquel golpe fue el detonante y por eso desde entonces he necesitado más y más y más. Hoy he pedido más. Hoy este vacío que acompaña a la humillación sigue sin parecerme suficiente.

Sigo sentada frente al mar. Pronto amanecerá. El de hoy será un amanecer increíble, como aquellos que te describía y que soñabas con poder ver algún día conmigo, sentados en la arena, justo desde aquí. Ahora estoy sola y creo que los efectos del alcohol y mi amor por ti empiezan a desvanecerse. No sé a donde van a irse. Me da pena, ¿sabes por qué? Porque el cielo se abre como si existiera una oportunidad para empezar de nuevo, una oportunidad para todos, pero es mentira. De verdad, si pudieras ver lo hermoso que es este amanecer… sé que tú también llorarías.

¿Dónde estarás tú esta noche?

Me pregunto dónde estarás ahora. Donde quiera que estés, supongo que aquí sigue siendo una hora menos y que entre nosotros la distancia que existe es una distancia de años luz. Y que eso va a ser así para siempre. Donde tú vives no hay mar, así que no sé qué estarás mirando. Tal vez un campo de flores amarillas, tal vez una calle desierta después de una fiesta, tal vez el cielo volviéndose naranja, tal vez tus ojos en otros ojos. Supongo que no lo sabré nunca. 

Antes solía imaginar tu mundo de esa forma. Pero no sé qué ruidos hay alrededor de tu mundo ahora mismo. Aquí lo único que se escucha es el sonido de la marea. El resto es silencio y el silencio no hace ningún ruido, puedes imaginártelo, pero hoy el silencio es tan grande que da miedo. Así se sentía nuestra relación, ¿sabes? Como cuando sube y cuando baja la marea. Siempre había algo que buscaba anclarse a la orilla y que terminaba borrándose.

Te preguntarás por qué te he llamado, por qué te he llamado precisamente yo, que mi nombre es el nombre que tú, en tu presente, le has dado al pasado.

A veces el presente tiene muchos nombres. A veces se llama Alejandro o Carlos o Hugo o Jorge… Tiene muchos nombres, depende de si le llamo un jueves, un viernes o un sábado por la noche. Siempre viene cuando le llamo. Pero nunca se llama amor. Nunca tiene tu nombre. Últimamente se ha quedado por aquí a pasar los domingos, se despierta y desayuna conmigo. No se parece en nada a ti y eso es lo mejor que me podría haber pasado y al mismo tiempo lo más terrible. Pero a veces he creído reconocerte en él, no lo sé. Quizás solo en un gesto, quizás solo en un abrazo. Apareces sobre todo ahí, en el calor de después del sexo y en esos abrazos que se dan por espalda.

Lo que sé bien es que no amaré de nuevo, porque no quiero, ni puedo. Prefiero el mar. El mar no pide permiso y tampoco pide disculpas. El mar no se va, aunque seas tú el que te vayas y regreses después de cien años de soledad, el mar siempre estará siempre en el mismo sitio. El mar estará siempre esperando a que se haga de día, como hoy. Se ha hecho de día, debo colgar e irme a casa a olvidar y a dormir. Suficiente mar por hoy. Sabes, el mar contiene esas palabras perfectas para despedirse. Esas palabras que pocas veces se utilizan para despedirse cuando despedirse es para siempre.

Donde quiera que estés, adiós. Y suerte, por si algún día me necesitas.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Entradas

Follow by Email