martes, 8 de agosto de 2017

Vientos de agosto





El lucero de la tarde cuelga a poca altura … El perro de cabeza de hidra ladra con todas sus bocas … Me gustaría besarla dos o tres veces pero este tipo de besos se reserva a las diosas … Bajo el corazón, en el fondo de la garganta, una simple sombra o un crujido en la cortina o el aliento en el cristal de la ventana … algo … aunque sea mentira … que detenga ese dolor, que detenga ese ir y venir … Me gustaría ahogarme de dolor pero en lugar de eso doy luz a una roca.

- Henry Miller


Hace noches que tengo el mismo sueño.
Hace noches que sueño que recorro largas avenidas y lo hago de espaldas,
como si el simple hecho de echarme a andar representase el ingrato arte de jugar a hacerme la viva.
Desde entonces los días del mes se miden en domingos, domingos cargados de restos de otros miedos, cuando los domingos todavía no me daban miedo.
La culpa de todo esto la tienen los vientos de agosto, de eso estoy segura.
La sensación se perfila con precisión en el límite de las playas, en el límite de las presas,  en el límite de los barrancos.
Antes solía ser mucho más fácil soñar, mucho más fácil hablarte 
Ahora me he acostumbrado a levantar los pies del suelo, a la sombra de los volcanes.
Lo cierto es que esta brisa sofocante, haya sido avivada entre laurisilvas o entre oleajes, comienza a resultarme insuficiente, diría incluso que me aburre.
La soledad se puede tocar, la soledad se palpa en el aire.
Aquí tan solo hay ráfagas que invitan a inaugurar crematorios y hogueras, gargantas castigadas por la sal, fuego azul en la lengua…
A veces siento que la vida es eso, ¿sabes?
A veces siento que la vida es ese túnel poco transitado, que no hay personas sino manchas, seres borrosos, seres que son seres sin rostro.
Hay luces que no son luces sino manchas, hay manchas en el cristal de esta vida. 
La ciudad no ha cambiado casi nada.
La ciudad sigue estando en el mismo sitio, incluso después de que desearas que fuera yo la que hubiera quedado reducida a cenizas.
Desde aquí puedo construir recuerdos sin apenas esfuerzo, como el que camina sobre ruinas perfectas por la única y paradójica razón de que por fin ha llegado la paz.
Pero ha llegado a un hogar que hace mucho perdió el nombre. 
Pensarte es el peor de los malos hábitos, pensarte es una necesidad casi destructiva.
Después de todo, la renuncia siempre se pareció demasiado a una paz sin patria ni bandera. 
Después de ti, son los animales los que se aman y los humanos los que hacen la guerra.
El sueño se devora a sí mismo, se desintegra.
Hace noches que tengo el mismo sueño, lo único que no he olvidado es cómo se rompió
Te evaporas con los alisios, con las borrascas grises del trópico, con el polvo en suspensión que arranca pedazos del desierto…
Incluso entonces pensaba que los vientos de agosto harían que me encontrases, que regresarías a mí través de un camino de sudor y redención, que tal vez su aliento me empujaría a mí hasta las orillas de tu puerta
Es curiosa la forma en la que algunas personas se te adhieren al cuerpo, como una enfermedad que llevas ente los dientes cuando sonríes para disimular que el pronóstico de curación es reservado
Así que mantienes las piernas y la boca cerradas, te coses los labios con el hilo invisible de la memoria, sellas tu pecho como una tumba, que nadie se de cuenta que alguien da golpes para salir. 
Hace noches que tengo el mismo sueño, pero en mi sueño ya no existes y después de esta noche solo quedarán treinta y ocho días para que se me muera este verano.
Se irá apagando como tú, lo que va quedando de mí, de este sueño, de este verano,
se apagará sin hacer ruido, se apagará desde lejos,
como el perro que ya no ladra, como el viento que hace de tripas corazón, como estos malditos vientos, como los vientos que ya no calientan por dentro

Primeras voluntades




Déjame sentir la punta de tus dedos otra vez sobre mi espalda, empujándome, cuando todo esté oscuro, cuando todo esté perdido.

—  Roberto Bolaño


***


Supongo que lo único que intento decirte es que,
si el futuro se vuelve de color rojo y el cielo un hervidero,
si la luna llena nos diagnostica nuevas neurosis,
si el tic-tac del mundo se para en seco, si la vida deja de darle cuerda a los relojes,
si la vida deja de dar las vueltas necesarias para que la muerte no sea un juego de niños,
si algún día alguien vuelve a romperme el corazón tan fuerte, que recuerde lo que era sentirlo,
si ese día dejo de temerle a los precipicios y a que los océanos helados cubran esta ciudad y no me lleven a mí,
si tengo que tapar mi propia vergüenza en las noches de verano, si me quema el asfalto en pleno invierno,
si mi cuerpo enferma mañana y ya no puedo besar tus costillas, si nunca más vuelvo a verte,
me gustaría que mis poemas te los quedases tú, que olvidases tanta lágrima, tanta culpa, tanta sangre como manchas de aceite salpicadas por encima de la tinta,
que mis huellas las guardases para ti, que las guardases en el hueco en donde iba el amor, que las guardases detrás de tus ojos,
sobre mis pechos,
dentro de mi matriz.
Solo eso.



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